
Foro Rol interpretativo basado en la Saga de Crepúsculo. Nos encontramos al final del ultimo libro, "Amanecer".
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Aradia Glass

Registrado: 13 Nov 2009 Mensajes: 41 Promedio por Día: 0.46
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Publicado: 14 Nov 2009 6:28 am Título del mensaje: Playing with danger.~
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¿Cuántas veces mi mente se había desviado de pensamientos, para terminar en aquel chico misterioso que había conocido en la librería, llamado Shane? Eran incontables. No podía creer como las cosas habían terminado de esa manera. Es decir, no nos volvimos a ver, pero podía jurar que lo había observado fuera de la casa que alquilaba, o cuando caminaba por las calles. Cuando me acercaba, él ya no estaba. ¿Una mera insinuación de que me estaba volviendo loca? Probablemente…
Lo había retratado dos veces. Recordaba cada una de sus facciones, las líneas de su rostro, el color oscuro de sus ojos. Imposible de olvidar. Se había metido en mi vida de una forma tan intensa, que aunque no diera señales de vida nunca, no lo olvidaría. En un momento llegué a pensar que todo era una ilusión; que mi pensamiento lo había creado para jugarme una broma. Pero no podía ser; descartaba esas posibilidades cuando el recuerdo de sus labios fríos sobre los míos me envolvía. Imposible borrar aquel beso. Fue demasiado rápido, eso no lo negaba, pero no estaba arrepentida. No conocía casi nada de él más que su nombre y algunas cualidades. Era peligroso, un completo extraño. Acaso importaba? Llamaba más la atención en mí.
Cerré mis ojos, recubiertos apenas de una sombra turquesa que combinaba a la perfección con mis claros ojos. Todos los recuerdos hicieron su aparición, logrando que mis labios se curvaran finamente en una sonrisa. Lo extrañaba. ¿Cómo se puede extrañar a alguien que apenas conoces? No tenia la más mínima idea.
Suspiré. Con aquel momento de desconcentración, mis dedos hicieron un mal movimiento, y el horrible sonido de una cuerda mal tocada invadió mi habitación. Abrí de nuevo los parpados. No podía concentrarme. Mis ideas me mantenían lejos de la melodía; en el rostro pálido del joven. Dejé el arpa a un lado, cruzándome de piernas como india sobre el colchón.
Ambos dibujos en grafitos se encontraban sobre mi cama. Tenía el ventanal abierto lo que me informaba el estatus del tiempo. Estaba bastante pasable, a pesar que en Forks llovía todos los días. En cambio, la noche estaba muy despejada y apenas soplaba un leve viento primaveral. También, entre los retratos de Shane, reposaba el libro que había comprado ese día. Aun no lo había leído; algo no me lo permitía. Quizás solo un trauma de mi conciencia, mas no quería hacerlo.
Para despejarme, contando también que estaba aburrida, decidí hacer una de esas escapadas nocturnas. Inmediatamente vino la palabra “bosque” a mi cabeza. Sonreí de lado. Lo habíamos mencionado con él en nuestra charla. No tenía miedo; estaba advertida sobre los peligros del lugar pero no importaba. Nada iba a pasarme.
Salí de la casa con poca ropa encima, ya que el viento me agradaba, y daba algo de alivio con el ambiente calido. Una blusa Strapless azul, y un short negro. Comúnmente me vestía así cuando estaba entre casa y no pensaba cambiarme porque el bosque iba a recibirme.
Tardé una media hora, porque la distancia entre la casa y el bosque era larga. Me manejaba caminando a cualquier lado que fuese. Ya casi me conocía el pueblo de memoria, por lo reducido que era. Cuando ya me encontraba allí sentí algo extraño. No sabia si era el ambiente, o las pocas personas que circulaban en la calle –eran ya pasadas las 23:00 hs.- Ya estaba aquí, no iba a volver. Además, desde cuando yo tenia miedo? Por favor, el miedo se los dejaba a las niñitas que creían en los fantasmas. Me abrí paso entre los árboles.
Algunas que otras ramas impactaban contra mi cuerpo. Demonios! Tenía el impulso de pegarles, sabiendo que no conseguiría nada con eso. En cambio, bufe y seguí mi camino. Ya estando demasiado adentro, no me percaté de una raíz sobresaliente del suelo, y tropecé con ella. Caí directo al piso, con gran velocidad, y apoyé ambas manos para sostenerme. –Maldita sea!- musité, frunciendo el ceño, levantándome con lentitud. El broche que sostenía mi cabello para que no cayera sobre mi rostro había volado un par de metros; por lo tanto, mis rizos dorados rebeldes comenzaron a molestarme. Pero eso no lo era todo, sino el gran corte que tenia en mi mano izquierda –sin contar los raspones en mis rodillas-. Había dado de lleno con otra raíz sobresaliente de un árbol viejo.
La sangre salía a montones y no tenia nada con que pararla. Me maldecía internamente mientras apretaba la palma. Se iba a infectar. ¿Tanta mala suerte podía tener? _________________
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Shane Staader

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Publicado: 14 Nov 2009 7:32 am
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El sonido del bosque era relajante; el suave viento meciendo las hojas de las ramas que pendían de los árboles. Algunas hojas, esas que se teñían con tintes dorados y naranjas; con color del otoño, resonaban más, provocando pequeños chasquidos que lograban dispersar mi atención del todo.
Como siempre, para encontrar los resquicios perdidos de mi imaginación, me había internado en el corazón del bosque sin nada más que una libreta y un bolígrafo; dejando a las musas el trabajo de inspirarme para lograr algo bueno que escribir para que quedara plasmado en tinta para la posteridad.
No estaba completamente seguro de cuánto tiempo había transcurrido desde que la puerta del hotel se cerró tras mis espaldas con un ruido sordo y mis pasos, me guiaron a mi escondite favorito dentro del bosque. Lo que sabía, es que, desde hacia aproximadamente una hora, que un nombre rondaba una y otra vez mi cabeza, como si de un mantra se tratara.
Me preguntaba que estaría haciendo, ¿con quién?, si esos ojos, brillantes como estrellas le iluminaban la vida a alguien más esa noche. La necesidad de saber de ella estaba sobrepasando los límites previamente establecidos por mi cordura. Había algo especial en ella, algo en la manera en que sonreía mientras miraba por su ventana, como si el universo entero parara su movimiento para que ella quedara suspendida en su magnificencia, pérdida, dentro de sí misma.
Si, la había vigilado de vez en cuando. Para ser honesto, prácticamente acampaba afuera de su habitación, solo para sentir la suave fragancia de su perfume enervar mis sentidos. Supongo que me gustaba ser llevado al límite por lo prohibido. Degustar el chocolate mezclado con fresas que para mi significaba su sangre.
Era estúpido y era irresponsable, puesto que mi decisión de no atacarla se mantenía en pie y jugaba con fuego al rondarla. Coloque la palma de mi mano derecha sobre mi frente, como si esa simple acción ayudara a sacarla de mi cabeza. Obviamente, era inútil, pero por unos segundos me gustaba la idea de fingir que realmente podía desaparecerla de mi memoria, como había hecho tantas otras veces con las humanas que se cruzaban por mi camino.
Me recordé que no estaba ahí para pensar en chicas, que estaba ahí, por trabajo y nada más. Así que, de nuevo, forcé mi vista hasta que esta se fijo en las líneas escritas en el papel.
“Ella lo es todo en el universo, es un ángel sin alas, alguien que necesita ser protegida a toda costa para que no puedan dañarla.” -Leí la primera en voz alta y me di cuenta que ni siquiera podía escribir si no se trataba de ella. Y en segundo plano, que me refería a mí mismo, debía protegerla de mí y de la sed que se desataba al detectarla en la cercanía.
Arrugue el papel y lo arroje a mis pies. Seguía dando vueltas sin encontrar un asiento que tuviera la suficiente luminiscencia y a la vez que, contuviera el eco ensordecido del viento, pero mi humor ya no era exactamente bueno, así que, sin pensarlo demasiado y resguardado por la seguridad y soledad del lugar, me despoje de la camisa para sentir la caricia del aire al chocar con mi piel. Eso siempre lograba relajarme y especialmente, despejar mi mente hasta dejarla en un punto donde era capaz de retomar mi identidad normal, sin pensar en nada que no fuese estrictamente necesario.
Inhale un par de veces, conteniendo el aire dentro de mis pulmones por una cantidad desmedida de tiempo y luego, con una exhalación casi silenciosa, lo deje escapar.
-Bien, suficiente descanso –dije en un murmullo. A veces, el sonido de mi propia voz me mantenía cuerdo. Me repetía una y otra vez para lo que estaba ahí y en cierta forma (una inquietante y tal vez desquiciada) me hacía sentir que no estaba solo del todo.
Aunque, eso era contradictorio. Me gustaba la soledad, adoraba poder estar solo con mis pensamientos, pero a la vez, desde que ella había aparecido como un huracán en mi vida, la soledad no era tan agradable. No cuando podía ser sustituida por su compañía.
Por fin, después de demasiado tiempo, me recosté sobre la superficie áspera de un árbol y deje que mi cuerpo se deslizara hacia abajo, hasta que pude tocar la tierra con los dedos. La hoja con el escrito sobre Aradia, mágicamente seguía a mis pies, pero le reste importancia. La levantaría antes de irme, después de todo, quizá cambiando el contexto de la frase, podía servir para algún otro trabajo.
Por el momento, el papel se quedo ahí, en el olvido, donde debía sumergir a la musa que había inspirado ese pensamiento.
Tome la libreta entre mis dedos y me dispuse a escribir acerca de una anécdota de mi pasado. Una de las vivencias con Janice. Elegí entre todas ellas y deje que el bolígrafo hiciera su trabajo; por unos segundos el sonido de la punta trazando sobre el papel.
Escribí sobre esa vez, cerca de una fuente, en Paris, cuando la luna llena brillaba en lo alto del cielo y ella y yo nos prometimos estar cerca el uno del otro para siempre. Al mismo tiempo que mis memorias se escribían, imaginaba la escena, pero con un rostro diferente al de Janice apareciendo. Aradia. De nuevo y siempre, Aradia.
En mi imaginación, eran sus manos cálidas las que sostenía entre mis dedos y sus ojos claros los que observaba brillar con el fulgor de mil soles contenidos en ellos. Para después, sin que nada pudiera alterarme, nuestros labios se fundieran en un dulce beso, no como el que me había atrevido a robarle; sino, algo mejor.
Más cuidadoso, más dulce. La fuente funcionaba salpicándonos de vez en cuando con gotas frías, manteniéndonos atados a la realidad y en el filo de la medianoche, cuando las calles se encontraban sumidas en un silencio sepulcral.
La promesa de estar siempre juntos resonara en nuestros corazones.
Casi podía sentir el toque ligero de champagne de su sangre embriagar mis sentidos, cuando, me di cuenta de que la fragancia era real. Provenía de algún lugar dentro del bosque. Mis sentidos se pusieron alerta, agudizándose para encontrar el punto exacto.
Arroje la libreta que aun sostenía en mis manos y corrí en la dirección que me indicaba mi instinto. Era ella, tenía que ser ella. Pero si había sangre, algo estaba mal; terriblemente mal. No pensé que era un riesgo mayor acercarme, de hecho, no pensé en absolutamente nada. La sola idea de saberla en riesgo, había logrado lo que ni siquiera la quietud del bosque. Dejar mi mente en blanco.
Detuve mis pasos cuando estuve lo suficientemente cerca para mirarla a la cara. Ella estaba ahí, con el cabello rubio cayéndole desordenadamente a los lados de la cara, cubierta de tierra en algunos lugares del cuerpo y con sangre manando de su mano; y aun así, podía jurar, que era la imagen más cautivadoramente hermosa que mis ojos pudieron observar alguna vez.
El líquido que escurría de su mano, seguía goteando y mi mirada se torno ligeramente carmesí, me había alimentado en los últimos días, pero la tentación estaba ahí, haciéndose presente, golpeando en cada vena de mi cuerpo en forma de un ardor indescriptible.
-¿Estás bien? –logre gruñir antes de dejar de respirar. No podía mover un musculo aunque sabía que debía hacerlo. _________________
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Aradia Glass

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Publicado: 14 Nov 2009 8:52 am
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Cualquier rastro de sonido en mi cabeza, como las cuerdas del arpa, o el viento soplando contra las hojas de los árboles, se había esfumado. La mano me ardía con muchísima intensidad. Yo podía soportarlo, lo sabia, pero eso no iba a quitarme el dolor por la herida abierta.
Increíble como una rama tan pequeña, aplicándole la fuerza necesaria, puede llegar a cortar la carne de una persona. Todo se remontaba a la física, o los primeros pensados que fueron filósofos. Pero…que demonios tenia que ver eso ahora? Mi cabeza tenia que pensar en como hacer que la sangre cesara y luego, cerrar le herida.
El hospital estaba muy lejos. Además, era muy tarde. La noche envolvía completamente el contexto y no quedaba bien que una joven como yo tuviera que explicar donde me encontraba y a que horas. Me mordí el labio, con los ojos fijos en el líquido rojo espeso que seguía saliendo. Si fuera otra clase de chica, ya me habría desmayado.
Notaba como el violento viento nocturno impactaba contra mi rostro, con más intensidad que antes. Quizás era porque mi cuerpo estaba manifestando una baja en la presión sanguínea. Inspiré aire varias veces, intentando tranquilizarme. Esto no iba a matarme! Era un simple rasguño…
La luz de la luna iluminaba el paisaje a mí alrededor. Era como un gran farol, por lo que tenia bastante claridad; la necesaria para tener mis sentidos visuales alerta. Me tentaba a cerrar los ojos, porque se estaba tornando insoportable, pero no; conocía los efectos que le seguían a ese impulso y no eran para nada buenos. Tragué saliva, sacudí la mano para quitar la sangre que se estaba acumulando, y que la misma fuera a parar al suelo repleto de hojas secas, caídas de los árboles.
Estaba tan perdida, tan confundida. Hacia pocos minutos me encontraba a la perfección, con todas las energías, dispuesta a una nueva aventura y ahora parecía una bolsa de papas que no podía moverse.
En el mero silencio, una voz me hizo sobresaltar. Levanté mi vista hacia el frente para encontrarme con él, el joven que me había robado el sueño tantas veces. Pensaba en Shane veintitrés de las veinticuatro horas que tenía el día. Era una locura. A pesar de todo, como me sentía y como estaba mi mano, sonreí. Como si un vacío que tenia dentro de llenara con tan solo verlo, allí parado, con el rostro petrificado ¿Qué le pasaba? Parecía que había visto un fantasma…Ahí fue que caí.
El tan solo verlo, dándome cuenta que no era ningún espejismo ni ilusión, me hacia olvidar de todo. No lo conocía, no tenia idea de quien era en realidad, y me sentía atraída. Ladeé mi cabeza, pestañeando, intentando recordar la pregunta que me había hecho. Miré mi mano, luego a él y de vuelta a mi mano. –Sinceramente, no. Me arde mucho y creo que se infectará.- Notaba como el contexto a mi alrededor cambiaba. El bosque se esfumaba, el olor de la sangre desaparecía, la luna quedaba para iluminarlo.
Pero ahora que lo tenía frente a frente, dentro de mi cuerpo comenzaron a manifestarse muchas cosas, y la mayoría, inexplicables. La primera que pude detectar: enojo. –¿Ahora te importa si estoy bien o no? Digo, estuviste ausente durante tanto tiempo. Creí que te habías ido del pueblo sin avisar…¿no te pusiste a pensar que me preocupaba?- Preocupar no era exactamente la palabra perfecta para describirlo todo. Lo anhelaba, extrañaba, ansiaba tener sus brazos alrededor de mi cuerpo para sentirme protegida.
Bufé, pero no giré el rostro para mirarlo. Temía que se esfumara de nuevo y me dejara sola, hundida con mi propia presencia.
Si. Estaba algo enojada. Pero, vamos, no podía enojarme con él! Era un joven ocupado y seguro tenia un trabajo. Además, nunca habíamos arreglado para vernos, o darnos alguna dirección. El solo había dicho: “Te encontraré”.
Literalmente, eso estaba ocurriendo, pero para mi gusto, había pasado mucho tiempo. No tenía la obligación de haberse preocupado en volver a mí. Quizás era solo un chico más, de esos que conoces en un día y luego desaparecen. Quería creer que era así, para no torturarme más, pero bien sabía que Shane era diferente. Nos comprendíamos mutuamente. Algo especial. No podía dejar que se fuera de la nada.
El dedo índice de mi mano sana rozó la herida, provocando que me estremeciera y encima, el dedo se manchara. Como acto reflejo, lo llevé a mi boca, pasándolo por el interior de mis labios. Me gustaba el sabor de la sangre. Era algo salada. No de forma exagerada, ya que no iba a romperme una pierna para andar bebiendo. Tan loca no estaba.
Mientras tanto, mis ojos se percataron de algo MUY llamativo: Shane no traía camisa. Fue en ese instante que un calor extraño me subió desde la punta de los pies hasta el cabello. Por mi cabeza pasaban miles de imágenes, que no podían ser descriptas con palabras. Lo que si podía afirmar es que se veía muy bien. Los abdominales se le marcaban, y en sus grandes músculos sobresalían las venas. Mis hormonas trabajaban por si solas, sin que yo les diera ninguna orden. "Oh, vamos Aradia, como si nunca hubieses visto a un chico sin camisa"…Mas ninguno de ellos estaba tan bueno y…¿cómo seria la palabra? Ah, si…apetecible…
Reí internamente por mi vocabulario. Yo parecía un animal. Un vampiro sediento.
Mi vista subió hasta encontrarse con su rostro y noté algo que llamó mucho más mi atención y logró que mi rostro tomara expresiones tensas. Sus ojos. –Que le ocurre a tus ojos, Shane?- Pregunté, con intriga y preocupación. Miedo no; el que tuviera sus ojos de un color carmín no provocaba temor alguno; podía ser por cualquier cosa, e incluso, un derrame. Se había peleado con alguien? Su cuerpo estaba intacto y su rostro también, así que lo dudaba.
Es mas, tenia que sacar de mi cabeza la loca idea de que Shane era parecido a un vampiro. Conocía a los de los libros, de las historias melosas y románticas que crean las mujeres que no saben que hacer en su tiempo libre, pero que me encantaba leer. Después de todo, yo era una soñadora.
El hecho concluía en que él no podía ser uno de ellos. Tan solo eran mitos, cuentos. Era posible que mi mente se sintiera algo atraída por aquellos que leía y quisiera convertirlo en uno. Pero tan loca iba a estar como para ver sus ojos de aquel tono? No, no lo estaba imaginando.
Me separé el pelo que caía sobre mi rostro, ya que el viento que soplaba en dirección a Shane me estaba despeinando. No era este el reencuentro que esperaba; todo culpa de mi torpeza. Quien sabe que podría pasar…el destino era incierto e impredecible. _________________
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Shane Staader

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Publicado: 14 Nov 2009 10:42 am
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Mi cuerpo permanecía inmóvil. Todos mis músculos se encontraban tensados al máximo, pero no me atrevía si quiera a parpadear, por miedo a que eso desatara las ansias asesinas que en ese momento; luchaban por salir a la superficie y atacar a la presa que se debilitaba frente a mis ojos. La pérdida de sangre la sumergiría en un estado de mareo, seguido por un sopor agotador. La oportunidad se me había servido, no en una bandeja de plata, si no, en una de oro.
Ella estaba ahí, con la sangre surgiendo desde lo más profundo de sus venas, dispuesta para saciar mi sed. Podía tomarla si quisiera, sin tan solo me atreviera a avanzar un par de pasos en su dirección; los suficientes para que la necesidad me cegara y el animal salvaje residente en mi, se haría cargo de drenar su cuerpo, hasta que la última gota se deslizara placenteramente por mi garganta, apagando así, el infierno que ardía en mis venas.
Las imágenes de días felices se desvanecían a la velocidad de la luz. Y todo lo que podía escuchar era el sonido ligeramente desacompasado de su corazón y la sangre goteando cada vez más rápido. Era una melodía a la que solo yo podía encontrarle ritmo; me estaba perdiendo, al menos mi ser consciente. Ese que me repetía una y otra vez cuan hermoso seria poder cumplir la fantasía que había tenido unos minutos antes. Ese ser, se hundía cada vez más profundo en el abismo de la sangre. La línea de la ligera humanidad que en esos últimos días había aflorado, se disolvía con rapidez.
Estaba a punto de ceder, cuando su mentón se levanto dejándome observar sus rasgos perfectos bajo la luz de la luna llena. Eso, fue el detonante para que la voz en mi interior que siempre me hacia razonar y que por alguna extraña razón era exactamente igual a la de mi hermana muerta; resonara en mi cerebro llamando mi atención.
“Basta, la chica necesita ayuda” –fue una simple frase, cargada con todo el énfasis que Diana siempre ponía en sus palabras.
Di un paso en su dirección reuniendo todo el valor que poseía, jurándome un millón de veces que solo le brindaría mi ayuda y después la llevaría a un lugar seguro, donde pudiera poner distancia física entre nosotros.
La observe un poco más, aun deslumbrado por la belleza que podía vislumbrar a pesar de la tierra que cubría lugares estratégicos. Podía de nuevo imaginarla como una princesa, de esas de los cuentos de hadas, donde las hadas madrinas existían, pero también las malvadas madrastras que obligaban a las jóvenes hermosas a lucir descuidadas, por miedo que algún príncipe las rescatara.
Bien, mis divagaciones confirmaban que estaba un paso más cerca de poder contener la ansiedad que me recorría. Casi me sentía como una especie de alcohólico en rehabilitación que por muchos días no ha tenido su dosis diaria de vino, y de pronto, lo encierran en una habitación donde el licor corre libremente. Dolía como el infierno tener que declinar la oferta que el destino ponía ante mí. Era dolor físico. Consumiéndome despacio, en una agonía tortuosa dándome tiempo para caer y beber directamente de ella.
Me detuve antes de siquiera planear avanzar más, ya que su voz se hizo audible, reteniendo cierto reproche en sus palabras. No pude evitar enarcar una ceja, ¿es que acaso, mi ausencia le molestaba? Por la recriminación de su voz podía estar casi seguro de que era de esa manera. Un atisbo de sonrisa apareció en mis labios, pero me asegure de borrarla inmediatamente. En ese momento, ella era una damisela en apuros y yo, no podía sonreír, por más feliz que me hiciera la idea de que Aradia pensara en mi.
-Me importa –admití casi secamente, reteniendo aun el precioso oxigeno q amenazaba con escaparse con mis respuestas. No necesitaba respirar, ciertamente, y ese era un alivio; pero, debía conservar aire dentro de mis pulmones si quería seguir hablando con ella y tomar una nueva inspiración, no estaba dentro de mis planes inmediatos.
Borre toda expresión de mi rostro y dedicándole una mirada especial, respondí tras un instante.
-Lo siento, pensé que tendrías otras cosas en que pensar –con ello aceptaba implícitamente, al menos para mí mismo, que era genial el hecho de que alguien se preocupara por mí. No. Era especialmente genial, que ella, se preocupara por mí. Después de todo, se suponía que yo solo había sido un extraño que se cruzo por su camino en una librería, robándole unos minutos de su tiempo, un par de sonrisas y un beso de sus dulces labios.
Su forma de expresar su molestia, me recordaba a la de una niña pequeña, de cierta manera, eso lograba dar un vuelco a mi corazón, conmoviéndolo y sensibilizando. Me costó un par de intentos de mi cerebro, antes de recordar, que comparada conmigo, ella si era una verdadera niña.
No como lo había sido Diana cuando le fue arrebatada la vida, pero era inocente en algunos niveles. No había asimilación alguna entre alguien que podía manipular su entorno a quienes se encontraran a su alrededor, con una criatura tan pura que sus emociones podían verse reflejadas en sus rasgos. Ella era tan inocente, como un ángel.
Sin duda alguna no me había equivocado al usar ese adjetivo para describirla la primera vez, esa palabra englobaba el significado de su existencia.
¿Qué otra explicación podía haber? El cielo debió enviármela por alguna razón, quizá para cambiar el rumbo de mi destino, o quizá solo para restregar sobre mi rostro lo que ni en mis más preciados sueños podía ser mío.
Ella hizo algo que no esperaba. Su dedo recorrió la sangre que había en su mano y sin pensarlo se deslizo dentro de su boca; saboreándolo.
“Es una de las mías” –pensé una y otra vez. Aunque sabía que era completamente imposible. Su corazón latía con ímpetu y el mío no, ella era cálida como una tarde de verano en la playa y mi frialdad era comparable con un témpano de hielo. No podía ser como yo, pero tenía amplias posibilidades de serlo.
Sus ojos se posaron en mi cuerpo y yo seguí su mirada, buscando encontrar que era lo que había llamado su atención. Me mordí la mejilla para no sonreír engreídamente. Me miraba con algo que yo tenía perfectamente identificado. Deseo.
Era casi palpable por el brillo opaco en su mirada y la pequeña dilatación de sus pupilas. Había visto esa mirada antes, en mi mismo. Así que era fácil de reconocer.
-¿Qué? –pregunte automáticamente, olvidando casi por completo mi problema de aire. Sacudí la cabeza intentando tranquilizarme, debía dejar de lado todo lo que no tuviera que ver con parar la hemorragia, por lo cual, ignore la pregunta y sin más demora, termine con la distancia que nos separaba.
Me incline a su lado, no sin antes hacer una pequeña mueca de dolor. Tanta cercanía provocaba que su aroma se fundiera con mi piel, podía saborearlo sin siquiera abrir la boca. Espere que ella no lo notara.
Tome su mano delicadamente, tragando compulsivamente la ponzoña que se aferraba a permanecer, constantemente recordándome la sed. Pensé rápidamente en algo para curar sus heridas, ya que, por lo que el escaneo completo de su cuerpo que mis ojos habían hecho, pude notar que además de la lesión de la mano, tenia raspones en las piernas.
-Vienes conmigo –no era una pregunta y no dejaba lugar a las protestas. Haciendo uso únicamente del lado de su cuerpo que seguía sano y como si de algo pequeño y frágil se tratara, la tome entre mis brazos.
Levantándola de la tierra y acercándola a mi pecho por un momento, antes de recordar que seguramente ella se congelaría de esa manera. Pase su brazo sano por atrás de mi cuello, para darle una sensación de mayor equilibrio y la separe unos centímetros de mi piel.
Mi lado del bosque, donde había permanecido toda la tarde y ya parte de la noche, no estaba tan alejado de donde ella sufrió el accidente. Así que, a velocidad normal y hundido en un silencio digno de escucharse solo en una iglesia, camine por el bosque. Mis ojos se ajustaron a la oscuridad casi inmediatamente, por lo cual, no existían obstáculos a mi paso y mi mirada se centraba en el frente, volviéndose de vez en cuando a ella, para asegurarme de que seguía consciente. _________________
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Aradia Glass

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Publicado: 14 Nov 2009 10:31 pm
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Tantas veces había imaginado comos seria el que nos volviéramos a ver, de nuevo. Divagaba, soñaba, lo veía entrar por la ventana de mi habitación. Su perfecto rostro marmolado observándome, sin pestañear, sin inmutarse por nada. Únicamente, acercándose a mí para, sin decir una palabra, fundirse en mis labios.
Es que el beso que me había robado, había sido muy especial y diferenta a cualquier otro que hubiese recibido a lo largo de mi corta vida. Con tan solo recordarlo me perdía. Necesitaba sentirlo de nuevo, volver a tener otro motivo por el cual soñar con él.
Pero las cosas no se dieron así, y ambos nos encontramos en un mal momento: Yo me había lastimado, por torpe, por no mirar el suelo cuando caminaba. Shane no parecía estar en uno de sus mejores días, por la compostura seria y rígida que había tomado. ¿Acaso le daba impresión la sangre? Había personas que no soportaban ver aquello y terminaban desmayadas, mas este no era el caso. El siquiera se movía. Estaba con sus ojos –de un color parecido al rojo- fijos en mi mano. Quizás se preocupaba. Quería creer que era así.
Avanzó uno o dos pasos en mi dirección, sin cambiar sus expresiones. Había dado cualquier cosa por ver como se extendía una sonrisa en aquel rostro tan dibujado por las manos de un ángel. Lo que más tenía como un mero recuerdo de la librería, era la forma en que me sonreía seductoramente. No podía haberse visto más hermoso porque hubiese sido pecado.
Enarcó una ceja ante mi reproche. ¿Se estaba burlando? Seguro que por dentro se moría de risa por ver como yo me humillaba de esa forma. Una tonta, eso había sido. Preocuparme por él, soñar en que seguiría pensando en mí después de lo ocurrido, pero no…siquiera se inmutó. Tuve el impulso de morderme el labio y lanzar una risa irónica, para luego mandarlo al demonio.
No pude.
Sus carnosos labios -siendo el inferior más definido que el superior, a diferencias de los míos que eran parejos-, se abrieron para dar paso a unas palabras muy secas, que me dejaron como una estatua. Le importaba. Quería sonreír, o si Dios que quería, pero ningún miembro de mi cuerpo se digno a responder. Algo de enojo residía en mí ser y no pensaba borrarse con tanta facilidad.
Acto seguido, siguió hablando aunque no lo esperaba. Ahora su voz se notaba más tranquila, más especial. No comprendía a que se debía, pero me había agradado. No tanto sus palabras, que casi provocan ira. –Desde que te conocí no pienso en nada ni nadie más que tú Shane. Eres lo mejor que me ha pasado.- Confesé. Para luego, arrepentirme. No podía considerarlo de esa forma si apenas lo conocía; nos habíamos visto una sola vez –sin contar las tantas que creí verlo en el pueblo, confirmando luego, espejismos-. Agaché la cabeza y desvié la mirada.
A pesar de todo, no podía negar que me atraía. Mucho.
Las imágenes de su cuerpo estaban en mi cabeza y no tenían intención de irse por un buen tiempo. Ahora tenía otra posibilidad para retratarlo. Pues claro, no iba a dejar de hacerlo. A caso que mi vida finalizara esta misma noche, y terminara por pudrirme en un cajón, debajo de la tierra, siendo el festín de gusanos hambrientos. Nadie conocía al destino. Un día puedes estar, al otro no. Impredecible.
Ignoró mi pregunta acerca del tono de sus ojos. Un fuego interior comenzó a arder dentro de mí. Se había despertado algo. Duda. Era mas seguro que estuviese loca por pensar todo aquello, pero las cosas encajaban. Por más raro que pareciera, no le tenía miedo; sino curiosidad. Y el tono de sus ojos no me atemorizaba, me resultaba impactantes y atrayentes.
Se acercó a mí, permitiéndome el admirarlo con más cercanía, siendo iluminado por la luz intensa que la luna nos proporcionaba. Tragué saliva, intentando controlar el nerviosismo, y quitando de mi cabeza toda imagen lujuriosa acerca de él. Es mas, hasta intenté secar mis expresiones, manifestando estar molesta. No iba a durar mucho, me conocía, pero al menos quería que supiera por todo lo que había pasado en su ausencia.
Me había comido la cabeza yo sola, sin que el participara en nada, ya que no se enteraba de las canciones que tocaba por en él, en los dibujos, o en los momentos que suspiraba su nombre. Él siquiera se percataba de lo que causaba en mí.
No me dio lugar a respirar cuando dijo sus palabras, ni tampoco a reprochar. De un rápido movimiento me encontraba en sus brazos. Lo miré, incrédula. Tenía la mano lastimada, no los pies. –Gracias, pero puedo cam…i…nar…- las ultimas frases se perdieron en lo bajo, cuando me acercó del todo a su cuerpo y sentí frío. Mucho frío. No temblé, pues me gustaba esta sensación. Lo único, me impresionó la distorsión entre la temperatura de mi cuerpo y el suyo.
Me acomodó, separándome un poco de su helada piel y comenzó a caminar, adentrándose más y más en el bosque.
A pesar que Shane me separó de su torso, yo hice lo posible para aferrarme de nuevo al mismo. Con la mano lastimada reposando sobre mi regazo, y la otra alrededor de su cuello, me pegué a su piel. Quería sentirlo, necesitaba saber que estaba conmigo, que me tenía allí entre sus brazos y que si era un sueño, creer que no iba a despertar jamás.
Lo observaba. No quitaba mis claros ojos de su rostro mientras él se habría paso ágilmente entre las ramas. Parecía conocer el bosque mucho más que nadie, aunque tenía entendido que era nuevo en Forks. De momentos, sus iris se encontraban con los míos, y si yo no fuera tan extrovertida, habría jurado que mis mejillas se sonrojarían.
Mis dedos querían acariciarlo, demostrarle tantas cosas, pero no estaba segura de hacerlo. Mas así, apoyé mi cabeza sobre su hombro, suspirando por lo bajo, dejando que de mis labios se escapara su nombre. –Shane…- Notaba la tranquilidad que me rodeaba, como los sonidos del bosque se iban perdiendo a lo lejos, y solo imágenes abstractas venían a mi cabeza. Mis ojos se cerraron con lentitud, hundiéndome en la fantasía que estaba creando, donde él era el protagonista junto conmigo.
Aún estaba conciente, a pesar que mi presión sanguínea estaba por debajo de lo normal. No me había desmayado ni tenia intenciones de hacerlo. Tan solo, me dejaba llevar por él hacia donde sea que se le ocurriera. Ya fuera para estar conmigo, ayudarme, o asesinarme.
Aquella loca idea seguía presente en mi cabeza como una viva imagen de una película. Un sueño pasado. Shane reposaba sobre la sombra de un árbol de roble. El sol invadía todo el claro a su alrededor, pero el no se movía del lugar. Mientras más avanzaba aquella luz, su cuerpo más se contraía contra el árbol para que no le tocara ni un dedo.
Me hice presente, acercándome a él. Sonreía. La forma en que me miraba, y como estaba allí, me recordaba a los dioses mitológicos, que eran alabados por los humanos.
El sol me iluminaba. Yacía parada fuera del círculo de sombra donde él estaba. No me quitaba los ojos de encima, ni tampoco quería que lo hiciera. Cuando apenas estiré una mano y esta se apartó del sol, me tomó por los dedos y me arrastró hacia la “oscuridad” con él.
Su cuerpo me mantenía acorralada contra el árbol, como un depredador tiene a su presa. Sus dedos se deslizaron sobre mi piel. Acto seguido, hundió su dentadura en mi cuello.
¿Cabía la posibilidad que tuviera un significado oculto? Los sueños se hacían realidad, o mejor dicho, ¿los cuentos que tanto admiraba, podían no ser cuentos sino relatos reales ocultos con el toque de romanticismo que uno quiere agregarle? ¿Podía ser que Shane fuese un vampiro?
Igual, había muchísimas criaturas en el mundo de la ficción. Licántropos, elfos, híbridos, ángeles, demonios. ¿Por qué específicamente tenia que inclinarme hacia el lado del vampirismo? ¿Tanto me gustaban y llamaban mi atención esas criaturas? O era solo porque no sentía su corazón ahora que mi oído se había deslizado casi hasta el centro de su pecho, producto de que mis miembros se habían relajado y cesado. Parecía dormida, más no lo estaba.
Y el corazón de Shane, no latía… _________________
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Shane Staader

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Publicado: 16 Nov 2009 9:57 am
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El destino era algo curioso. Había visitado el bosque casi a diario desde mi arribo a Forks; para ser exacto, pasaba ahí, días enteros sin que nada fuera de lo normal ocurriera. Simplemente escuchando las pisadas apresuradas de los animales circundantes que al darse cuenta de mi presencia huían despavoridos y respirando el aroma puro de la naturaleza, hasta que esta embriagaba mi alma y mis sentidos.
Y a pesar, de que la idea de encontrarla fortuitamente en ese lugar cruzo un millón de veces por mi cabeza, como una idea fugaz, pero también como pensamiento persistente; jamás creí que realmente, esa fuera la locación de nuestro reencuentro. A veces era extraña la manera en que la vida funcionaba. Yo no creía en las coincidencias; nunca lo había hecho, así que sin duda alguna el que me encontrara en ese momento a escasos metros de donde ocurrió su pequeño accidente, poseía un significado oculto que yo estaba ansiando encontrar.
Los enigmas desde que era humano despertaban mi curiosidad; pero, este en especial refulgía como oro para que mi atención se fijara por completo en la necesidad de saber que simbolizaba. Con la luna por testigo, decidí imponerme un reto. Averiguar si tenía algún sentido lo que creía.
¿Era a caso, que como yo sospechaba, ella estaba destinada a estar conmigo? Y es que, no encontraba otra explicación viable. De alguna manera que no lograba comprender, Aradia dirigió sus pasos hacia mí. Probablemente sin saberlo, ya que nadie, excepto yo, sabia cual era el lugar exacto donde pasaba mis días.
Me dije a mi mismo que se trataba del destino y la respuesta, provoco que algo dentro de mi pecho se calentara, dejando un ligero hormigueo en el centro del mismo. La idea era fascinante en varios niveles distintos, siempre y cuando no tuviera en cuenta el hecho de que su sangre fuese tan tentadora, tan dulce y a la vez tan prohibida.
Sus palabras lograron provocar una reacción que mi cuerpo no había tenido en muchos años; me estremecieron de los pies a la cabeza. Yo era importante para ella. Era, según sus propias palabras “lo mejor que le sucedió”
Trate de evitarlo, pero antes de que me diera cuenta, los músculos de mis labios se habían deslizado rápidamente para obsequiarle una sonrisa de medio lado. Mi ego se regodeaba en cada silaba, pero mi corazón, por más muerto que estuviese parecía dar pequeños saltos, similares a los de un latido irregular.
Quise gritarle que yo había pensado en ella cada día, cada segundo e incluso más, aunque sonara imposible. La poesía incompleta que mi cabeza formulaba se quedo estancada en mi garganta, no era ni el momento, ni el lugar correcto para hablarle de cómo el simple color de sus ojos, lograba eclipsar al cielo. O que lo sedoso de su cabello significara para mi, algo mejor aun que la caricia del viento sobre mi piel.
No era tiempo. No aun. No cuando las ansias de partirle el cuello y beber de ella seguían latentes en algún lugar de mi cerebro. Eso significaba ser deshonesto con ella y de alguna manera, quería que en nuestra relación, (aunque técnicamente, no hubiera una) se basara en la verdad y en la confianza. Algo fuerte. Algo eterno.
En cambio, decidí resumir el largo de mi discurso imaginado en una simple frase, concisa y precisa.
-Tú, no abandonaste mi cabeza desde el momento en que te conocí –aunque era con exactitud lo que había sucedido, sentía que de nuevo estaba entregando más de lo que debía. Ella era una desconocida, una humana. Alguien con quien no se supone que se deba fraternizar, para evitar cualquier clase de problemas.
La imagen de la fuente volvió a mi cabeza. La luz de la luna bañando su rostro, iluminándolo con un brillo sobrenatural. Juntos, danzando al ritmo que marcaban nuestros corazones, viviendo una felicidad que aunque ficticia, sonaba perfecta.
“Debo llevarla a Paris” –el pensamiento vino a mi antes de siquiera poder notarlo. Y de alguna manera sentí que no estaba bien. Porque esa escena había sido vivida con otra persona, con alguien que en definitiva, no poseía ni la belleza, ni la pureza de Aradia, y eso era traicionarla. Ella merecía un mundo nuevo, donde todas las vivencias fueran experimentadas al unísono para que de esta forma, se despertaran los mismos sentimientos en ambos, sin prisas, sin ecos del pasado.
Intento rechazar mi oferta, pero, ya era demasiado tarde para hacerlo. Mis brazos se habían cerrado sobre su piel para mantenerla a salvo de tener que caminar por el laberinto que era el bosque de noche. No sabía cuál era su record de accidentes en una noche, pero deseaba mantenerlos en un límite de uno.
Ya se había hecho suficiente daño como para permitir siquiera un rasguño de mas.
-Es más fácil así –murmure inseguro de que me oyera, el volumen de mi voz se mantuvo en algo casi inaudible. Pero, no era del todo importante que me escuchara. Lo importante por el momento era que estuviera a salvo y de eso estaba encargándome ya.
La noche se cernía a nuestro alrededor, oscureciendo todo a su paso. Las penumbras siempre me gustaron, especialmente porque de noche, siempre se me ocurrían las mejores ideas para escritos. Pero supuse que de alguna manera, sería algo extraño, que no tropezara ni una sola vez. Debía recordar comportarme más humano, si la ocasión se repetía. Por el momento era demasiado tarde para fingir.
Si lo noto, no dijo nada. Así que seguí con la vista fija en un punto adelante, donde podía vislumbrar mi libreta tirada al lado del árbol y el papel que contenía el escrito sobre ella, estaba a pocos metros de esta.
Mi nombre salió de sus labios dándome la oportunidad de comprobar que solo cuando ella lo pronunciaba este contenía un sonido dulce y armónico, capaz de recordarme un trozo de una poesía de un escritor que me encantaba; Pablo Neruda.
No lo pensé, solo recite. Sus parpados cubrían sus ojos, pero sabía que estaba despierta, ya que aunque su respiración era profunda, no era lo suficiente para compararse con la que provoca el sueño.
-“Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.” –sonreí y respire abriendo ligeramente la boca, pero girando mi rostro hacia la izquierda para no olfatear directamente la sangre.
Para ella, seguramente no tendría sentido alguno, pero para mí, lo significaba todo y de cierta manera confesaba mis secretos. Esos que con recelo se encontraban escondidos en la profundidad de mí ser.
Una vez llegados a mi árbol, la deposite gentilmente en la tierra. Y la observe por un par de segundos, podría hacerlo por la eternidad si me dieran la opción. Pero, recordé que debía hacer algo. Me aleje un par de pasos hasta que mis dedos capturaron la tela suave de mi camisa, la atraje hacia mí y en exactamente tres movimientos la despedace. De nuevo, un error de principiante, debí fingir que era difícil, pero no podía pensar.
Teniendo en cuenta que tendría que limpiar la herida y hacer un vendaje improvisado para detener la hemorragia, dividí la tela de seda en 4 partes, solo por si acaso las necesitaba después.
La mire de nuevo, solo para pedir permiso en silencio y poder acercarme. La herida era un poco grande, así que quizá, doliera en cuanto mis dedos se deslizaran por ella, pero espere, que al menos el ardor causado por la pérdida de sangre, menguara con la frialdad de mi piel.
Tome su mano con delicadeza y exhale un poco de aire sobre ella para derribar la tierra suelta que se encontraba ahí.
-Esto, probablemente duela –musite atropelladamente antes de doblar el trozo de tela por la mitad y con la punta limpiar por completo la herida. Tuve especial cuidado en retirar la mayor cantidad de sangre que la tela podía contener, pero esta se empapo rápidamente, tintando el previo blanco angelical con un rojo carmesí, por lo cual, tuve que cambiarla por una limpia, viéndome obligado a repetir la operación.
Una vez, que la lesión parecía estar libre del liquido rojo brillante, al que me obligaba a no prestar demasiada atención, tome el tercer trozo de tela y lo coloque sobre la herida, para un momento después girar su mano y atarlo con cuidado por detrás de la misma.
Por la presión, la sangre menguaría lentamente, hasta que se detuviera por completo. Aunque, esperaba que alguien con un botiquín de emergencias, se hiciera cargo de cambiar mi vendaje por uno real, pero previamente desinfectando correctamente la lesión.
Yo había hecho lo que podía, con los pocos recursos que tenia. Después de todo, la camisa solo era tela y, le hubiera dado un poco de mi, si eso me asegurara que se curaría a mayor velocidad. La idea de saberla herida, por mínimo que esto fuera, lograba molestarme en sobremanera.
Me di cuenta de que aun sostenía su mano, por lo cual, girándola de nuevo, deposite un beso frio sobre su piel, asegurándome de no tocar nada que tuviera sangre de por medio. Retrocedí unos centímetros para observar sus piernas descaradamente y con una sonrisa pícara en los labios. Buscaba ver la magnitud de los raspones, pero después de todo, podía mirar libremente y ver si eso causaba alguna reacción en ella.
-Estas muy bien –dije tras un momento, con un doble sentido en la frase. Me refería al hecho de que no había ninguna razón para preocuparme por las lesiones menores que tenía en las piernas y a la vez, en que su cuerpo era una deleitante visión para mis ojos. _________________
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Aradia Glass

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Publicado: 17 Nov 2009 4:44 am
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“Tú, no abandonaste mi cabeza desde el momento en que te conocí”.
Aquella frase, dicha curiosamente por sus carnosos labios, enfatizando lo suficiente donde él quería, aún estaba resonando en mi cabeza cuando me llevaba entre sus brazos. Estaba segura que no la olvidaría con facilidad, porque no quería hacerlo. Por primera vez en mi vida, sentía que era importante para alguien.
Mi posición no había cambiado para nada. No notaba casi como su cuerpo se movía cuando caminaba por entre las ramas, en el oscuro y misterioso bosque. Ya debía de haber pasado la medianoche. El tiempo no importaba, ni nada que girara a mí alrededor. Era como si el mundo sucumbiera ante sus pies cuando me encontraba con su compañía. Cierto que esta era la segunda vez, y esperaba no fuera la ultima, en la que ambos compartíamos un momento de nuestras vidas. De todas formas, eran únicos.
Él no vacilaba al caminar, ni tampoco al tenerme entre sus brazos. Era mucha perfección contenida en un solo hombre. Tenía sus defectos, estaba segura, ya que nadie es enteramente perfecto desde la cabeza a los pies, aunque las niñas creyeran en la existencia de los príncipes azules. Shane no era de ese tipo, y anhelaba que no fuera. Lo veía mas como el chico malo, seductor, ese que atrae por completo en una novela literaria, o película. Aquel que detrás de esa capa de seriedad y frialdad posee un alma noble, pasional, capaz de entregarse por…un amor. Si, deseaba que fuera así pero, ¿Qué tantas posibilidades tenía?
Me sentía protegida. No podía comparar nada existente con lo que estaba pasando en este momento. Sensaciones, recuerdos, impulsos. Tenía tantas ganas de besar a Shane que mis labios desprendían fuego y ardor. Mas mis ojos se limitaban a no abrirse, por imaginar que estaba soñando y luego, al despertar y caer en realidad, perdería lo que estaba sintiendo. Aun sus palabras no se borraban de mi pensamiento. Se repetían una y otra vez, recordándome lo importante que se estaba convirtiendo para mí.
A pesar de estar despierta, mi cuerpo quería sucumbir, dejarse llevar por sus brazos y hundirme en los de Morfeo. No tenia sueño; el derramamiento de sangre era el principal problema. Buscaba cualquier indicio para mantenerme despierta, y fue en ese momento que su voz me volvió a traer a la realidad, dejándome esbozar una sonrisa enorme en el rostro, pero sin abrir mis parpados pesados.
-Pablo Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Primer poema.- Amaba la lectura y era imposible que no me supiera estos. Casi textualmente. No fui capaz de mirarlo, pero en mis labios se denotaba todo. Incluso mi voz. Tan delicada, fina, aterciopelada. Solía ser un poco grosera y de mal carácter, con pensamientos extraños que provocaban que dijera cualquier tontería. Con él era todo lo contrario.
-Tú estás aquí. Ah tú no huyes
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.- En ese instante, en que de mis labios salieron aquellas palabras, mis ojos se abrieron lentamente para mirar a Shane a los ojos. Algo extraño me recorrió el cuerpo cuando establecí contacto. No solo era un genio con la literatura. Había algo más. Lo sabía.
No tenía miedo.
Con aquellas palabras notaba como todo encajaba. No podía alejarme de Shane. Me estaban ocurriendo cosas especiales con él, cosas que nunca había sentido. Las oportunidades se dan una sola vez en la vida, y el destino me estaba regalando esta. Con cada segundo que pasaba, más cuenta me daba de ello. Le sonreí, apenas. A partir de ese momento mis parpados no cedieron, ya que su perfecto rostro marmolado me impedía que desviara mi atención.
Llegamos a un lugar mas tranquilo, notándose en el aire algo diferente. Con cuidado y mucha precaución, me depositó sobre la tierra. No, no, por favor no me dejes! Gritaba en mi cabeza, con mi vista clavada en sus ojos carmín que comenzaba a adorar. Mi mano sana –que se encontraba alrededor de su cuello- lo abandonó, para pasar suavemente por su mejilla, con la yema de los dedos. Era como la sensación de tocar un fantasma, que pronto desaparecería. Me atormentó la intensidad de mi proyección.
Noté como me observaba. Quería que esto no terminara, que estuviésemos así toda la noche, pero mi sueño se despedazó cuando se alejó de mí. Me acomodé entre el árbol donde estaba, echándole una leve ojeada a mi contexto. Había un cuaderno a lo lejos y un par de hojas arrugadas. Tuve el impulso de acercarme a ellas, tomarlas y saber que decían, pero no me pareció nada apropiado.
Las hojas de los arboles se mecían producto del viento que soplaba. Amaba este tipo de clima. El frío era mi adoración. Mas con la ropa que traía –si es que a esos trapos pequeños se los podía denominar así- lo sentía mucho más. La piel se me erizaba. Mis cabellos se movían de forma salvaje y comenzaba a odiarlos; me molestaba que se metieran en medio de mi rostro y no me permitieran ver a Shane…que estaba rasgando una remera de forma muy ágil. Wow!, yo ni en mil intentos lo podría haber hecho.
Sonreí de lado. Su espalda se veía muy ancha, de piel pálida, marcada en cada rincón. Incliné la cabeza hacia un lado, deleitándome con su imagen. Tan hermoso, tan sensual. Estaba segura que no había otro hombre en la tierra como él y, sinceramente, no quería que lo hubiese. Es mas, con tan solo pensar que otras pueblerinas de Forks podrían mirarlo, la sangre que recorría mi cuerpo se llenaba de veneno.
Celos. No era bueno tener celos, pero…oh vamos, siquiera era mío! Aún…
Se giró y volvió hacia mi mas rápido de lo que pude reaccionar. Quité la expresión tonta que resaltaba en mi rostro, y le entregué mi mano. Sopló. Su aliento frío chocó contra mi mano y provocó que mi cuerpo fuera el receptor de miles de descargas eléctricas. Este chico me iba a dejar demasiado embobada.
Me advirtió. Hice caso omiso, no podía doler más de lo que había sido el impacto. Pero…demonios, tenia razón. Fruncí el ceño junto con los labios, al sentir el ardor que provocaba el trozo de trapo cuando rozaba mi rasgada piel. No iba a llorar, ni a quejarme. Yo era fuerte. En cambio, quitaba mi vista de mi mano casi putrefacta, envolviéndome de su belleza al observarlo. Si esto pasaba cada vez que me lastimaba, iba a llamar a la mala suerte apenas regresara a mi casa. Probablemente él terminaría por enojarse conmigo.
Luego de finalizar con la limpieza, me envolvió la mano con otro trozo de su remera –que guardaría en un cajo de mi habitación de por vida- para parar la hemorragia. –Gracias.- musité, en voz baja. No sabia que más decir. Nada coherente se venia a mi cabeza; nada que no tuviera que ver son su belleza, o sus ojos, o su figura, o las insasiantes ganas de besarlo que me invadían.
Acto seguido, tomó mi mano, girándola un poco, para depositar un suave beso en la misma. Comenzaba a creer que era un gran sueño. Él en sí lo era.
Se alejó un par de centímetros, pero seguía a la altura de mi cuerpo, de cuclillas. No estaba capacitada para decir nada, ni tampoco para reaccionar de forma alguna. La mano no me dolía, mis sentidos estaban cegados. Tampoco es que se escuchara algún ruido alrededor ya que estábamos en medio del bosque. Literalmente, en mi caso, perdida. Shane sabia como llegar aquí, yo no. Si quería mantenerme como prisionera estaba en todo su derecho y favor; no me negaría. Y si me buscaban, terminaría por pagar para que me dejaran en paz. Estaba loca.
Muy loca. Por él. Habló, descolocándome por completo. Notaba su doble sentido en aquellas palabras. Sonreí de lado, muy picara y sensualmente, llevándome la mano sana a la boca para morder mi dedo índice. Hasta pude jurar que mis piernas se movieron con delicadeza, provocándolo. No podía evitar ser así con él. Nos entendíamos, con cada mínimo movimiento.
Hasta que caí en la cuenta de lo que estaba haciendo, y solté una pequeña carcajada. Estaba algo sucia, con tierra, y encima raspones en las rodillas. Eso no era para nada sexy! –Lo siento…debo verme bastante ridícula así.- confesé, intentando parar la risa ahogada que quería escaparse de mi garganta. Asimismo, luego de ello, lo miré de nuevo a los ojos, fijo. Le sonreía y no podía controlarlo. Quizás no con el toque de seducción que deseaba, pero si expresándole todo lo que me ocurría.
Me incliné hacia delante, apoyando la mano sana en el suelo para sostener mi peso. Necesitaba tenerlo más cerca sino, terminaría por volverme más loca de lo que estaba. –Shane…puedo pedirte algo?- Ya toda expresión divertida se había borrado de mi rostro, y quedaba aquella seducción mezclada con la seriedad de toda una mujer.
Me perdían en la línea de sus labios, que se curvaban en diferentes direcciones. Mis claros ojos viajaban de su torso, a su rostro, en milésimas de segundo. Ojala pasara desapercibida. Ya cuando estuve arrodillada frente a él –después de varios intentos fallidos porque no podía mantener la estabilidad- quedé atónita. ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía exactamente. Lo mas cuerdo, dejarme llevar por los impulsos. Pero me detuve. Hasta aquí me mantenía mi cordura.
El era peligroso, lo presentía. Su corazón no latía; se movía demasiado rápido, con agilidad; sus ojos eran rojos. El extraño podría matarme. Y aun así, amaría morir en sus brazos. _________________
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Shane Staader

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Publicado: 20 Nov 2009 6:02 am
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El hecho de que reconociera el poema, me dejo conocer una razón más por la cual ella me atraía, sin duda alguna era una asidua lectora. Quizá tanto como lo era yo mismo, aunque después de todo, no resultaba ser una gran sorpresa; la había conocido en una librería. Esperaba que para ella, también fuese un sinónimo de un santuario, ya que para mí, la fragancia de la tinta impresa sobre las hojas de papel era igual o incluso, ligeramente más deleitante que el aroma de la sangre fresca.
Si; un santuario era la mejor elección de palabras para describir lo que significaba para mí un lugar así. Con todo el conocimiento de los libros esperando ser leído por unos ojos ávidos, dando vida a historias intrigantes y placenteras. Pablo Neruda era uno de mis poetas favoritos y al parecer, a Aradia no le era indiferente del todo, pues segundos después, respondió con otro pequeño fragmento de su autoría.
La sonrisa que vacilaba sobre mis labios previamente, se extendió con toda libertad por mi rostro. Ella era perfecta en todo sentido, su soltura al hablar, su mirada brillante, su conocimiento sobre poesía. Mis sentidos me decían a gritos que alguien tan especial no debía dejarse ir tan fácilmente, que debía apresarla entre mis brazos hasta comprender su manera de funcionar. Pero estaba vez, la sugerencia no era simplemente para despedazarla minutos después de que el enigma sobre su vida se viera resuelto, si no que, debía aprender de ella, y con ella para que todo tuviera sentido. Tanto como lo tenía en ese momento.
De alguna manera, mi vida jamás se había sentido tan completa. NI siquiera al principio, cuando era un neófito y vagaba por el mundo en compañía de la que creía hasta ese momento la mujer más hermosa, intrigante y poderosa del mundo. No como esa noche. En que el único testigo de lo que sucedía en el oscuro bosque era la Luna.
Sentía que Aradia pertenecía a mis brazos y que mi lugar era a su lado, sin importar que sucediera alrededor. Pero, debía ser sincero conmigo mismo, y es que no estaba seguro de que algo tan difícil y prohibido fuese a funcionar. Para empezar, había demasiados secretos, al menos por mi parte.
Ella no sabía quién, o mejor dicho que cosa era yo. Y lo más probable es que en cuanto fuese de su conocimiento, huiría de entre mis brazos poniendo kilómetros de distancia entre nosotros para mantenerme alejado. Ese pensamiento dolía. Dolía el solo imaginarlo.
Aunque cabia la posibilidad de actuar tan egoístamente como Janice lo hizo conmigo; simplemente podría tomarla como posesión mía y transformarla para que fuese exactamente como yo. Sin preguntas, sin darle opciones. Simplemente, seguir mis impulsos.
Sonaba bien como primera idea, pero, pensándolo mejor, habría demasiados reproches después, ya que sui libre albedrio se vería eclipsado por mi voluntad. Yo no quería que me odiara más tarde, no cuando la eternidad entera se abría como posibilidad ante nuestras vidas.
No. En definitiva, tenía que actuar con cautela, primer averiguar si ella sentía lo mismo que yo y con la misma intensidad. De pronto me di cuenta de algo.
Yo le gustaba, eso quedaba más que claro, lo había sabido desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron y esa noche se confirmo por la manera especial que me miraba, sobre todo, por el deseo brillando en lo más profundo de sus ojos claros. Pero, no sabía si ella estaba enloqueciendo por mí, como yo lo hacía por ella.
El oxígeno que yo respiraba tenia nombre y apellido; Aradia Glass. Quería ser lo mismo para ella, realmente esperaba poder convertirme en algo similar en algún tiempo, de preferencia antes de que mis impulsos le ganaran la batalla a mi cerebro.
Quise responder algo, pero aunque hablar solo con poesía me parecía romántico en sobremanera, de alguna forma prefería escucharla expresarse con sus propias palabras, algo que no hubiera sido pensado por alguien más, sin embargo, la poesía que elegíamos, parecía hablar por nosotros.
Mientras me encargaba de limpiar a medias la lesión de su mano, el mundo a nuestro alrededor parecía quedarse en calma, para observarnos, para enmudecidamente espiar lo que sucedía con nosotros. Pero, tanto ella como yo, estábamos sumergidos en un silencio expectante. Yo deseaba escuchar el timbre dulce y soñador de su voz para acallar el dolor que despertaba en mi pecho cuando ella no hablaba.
Era como poder acariciar su suave piel, pero a la vez, que ella estuviese en la lejanía, incapaz de responder a mi llamado. Tal vez solo era mi imaginación desbocada la que suponía cosas o viajaba en rumbos que no venían al caso con la situación actual. Pero su voz era adictiva, tanto como su presencia, o la mirada penetrante de sus ojos brillantes y cálidos.
-“Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero ¿dónde? Lejos, lo que está lejos.” –No pude evitar que las palabras salieran de mis labios con un ligero reproche, para instantes después callarme de nuevo.
Un rato después, mientras el viento meciendo suavemente a los árboles se encargaba de prestar la banda sonora a nuestro momento especial, su voz se hizo presente por un par de segundos obligándome a fijar mis ojos en la forma en que sus labios se entreabrían ligeramente y dejaban escapar el sonido vibrante, desde el fondo de su garganta.
Asentí una vez a modo de respuesta inmediata y por unos segundos me detuve a escuchar solo el constante y rítmico sonido de su corazón. No estaba exactamente cerca, pero la distancia que me apartaba de ella, no era excesiva, por lo cual podía escuchar claramente el golpeteo proveniente de su pecho.
Era musical, tanto que me sabia capaz de quedarme en esa posición por el tiempo que ella me lo permitiera, solo para escuchar.
Había algo en ella, algo que la mantenía en silencio, pude darme cuenta de ello, porque, antes, la primera vez que la vi, su voz se volvía una constante y ahora, en ese momento en que podíamos hablar con libertad, simplemente se quedaba callada.
Desee ser como una de las personas con las que ella se cruzaba, con las que podía hablar sinceramente de cosas triviales y sin que nada externo interviniera. Pensé decirle, que sabía que ella podía hacer más que simplemente mirarme, pero ese sería un error de un principiante, ya que por ende delataría mi sofisticado empleo como espía.
En un par de ocasiones, cuando vigilaba los alrededores de su casa, fue consciente de que sus ojos lograban verme, por lo cual, me fundía con los transeúntes y evitaba que ella se cerciorara por completo de si sus ojos eran honestos.
En esos momentos, también desee acercarme a ella, tomar asiento a su lado, cerca del arpa que casi siempre estaba entre sus manos y escucharla tocar. Desde afuera lo hacía, pero en lo más profundo de mis anhelos, deseaba que ella tocara para mí y solo para mí.
Quería ser egoísta y privar al mundo de la música dulcificada que sus dedos producían, quería encerrarla en una habitación con una acústica impresionante, y cerrar los ojos para que las notas se introdujeran en mi cabeza y en mi corazón.
Pero nunca lo hice, me conformaba con mirarla desde la acera de enfrente, como un acosador cualquiera. Muchas veces, admirando la forma en que las sombras de la noche cubrían su rostro volviéndolo sereno y otras, observando cómo los rayos del sol entraban sin invitación previa a la recamara y bañaban su cabello volviéndolo de oro puro.
Después de decirle que estaba bien, ella respondió siguiendo mi juego, haciéndome saber que entendía hacia donde estaban dirigidas mis palabras. Por alguna extraña razón, eso me enorgulleció, porque, a pesar de ser una creatura inocente, había un punto pequeño en su mentalidad que comprendía los giros seductores de las conversaciones.
De hecho, me quedaba perfectamente claro que ella, era una chica seductora, una cazadora desenvolviéndose con plena confianza en su terreno, capaz de conquistar a su presa en un santiamén, tan solo con un pestañeo.
-¿Así como? –pregunte tras un momento, ya que para mí; me encontraba frente a una hermosa mujer con unas cuantas heridas y un poco de polvo en los lugares donde comúnmente debería haber maquillaje o al menos alguna crema hidratante. Pero aun así, lograba cautivarme en muchas maneras distintas.
Por lo cual, su pregunta no tenia base o fundamente alguno. No si se miraba con mis ojos. Quizá, con los ojos de algún humano sería diferente, ya que ellos no eran capaces de observar más allá de la visión deficiente que les ofrecía una imagen descuidada.
Yo, por otro lado, podía darme cuenta de que el polvo solo era superficial y que después de que un par de gotas de agua y un poco de jabón se deslizaran por su piel, todo iba a volver a la normalidad y de nuevo su rostro brillaría con luminosidad propia solo de un astro del cielo.
-No me pareces ridícula, más bien… Una belleza etéreamente encubierta –tome el último trozo de tela que aun quedaba, ya que solo había utilizado tres de ellos –Te sienta bien, pero, si quieres un poco de ayuda… -deje la frase inconclusa y mordiéndome los labios antes de acercarme a ella, pase la tela tiernamente por su rostro, deteniéndome cerca de su boca, aunque no había tierra alguna en ese sitio. Simplemente necesitaba sentir el calor que emanaba su aliento. Un par de segundos después, continúe en dirección ascendente hasta que la mayor parte del polvo se encontraba en la tela y no en su cara. Y retrocedí de nuevo hasta mi posición anterior.
“La luna, si es que la deseas” –pensé rápidamente. Y es que si esos eran sus deseos, inventaría alguna forma para poder cumplirlos.
-Si está en mis manos –me encogí de hombros apenas perceptiblemente. -¿Qué deseas pedir? –utilice la palabra deseo, como en mi mente. Estaba casi poniendo en voz alta mis pensamientos, excepto claro que si hubiera dicho lo de la Luna, seguramente hubiera provocado que ella se riera por un buen rato.
Incluso yo me daba cuenta de que eso, era realmente cursi.
Su rostro había perdido todo rastro de alegría y ahora un semblante de sobriedad absoluta se centraba en sus rasgos dulces, dándole una apariencia mesurada e intangiblemente lejana.
Me deje caer sobre la tierra, tomando asiento improvisadamente; ya que aun me encontraba en cuclillas y preste atención a sus palabras. _________________
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Aradia Glass

Registrado: 13 Nov 2009 Mensajes: 41 Promedio por Día: 0.46
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Publicado: 21 Nov 2009 8:26 am
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Mis oídos se deleitaron de nuevo con su voz masculina, recitando aquellos fragmentos de poemas pertenecientes a Pablo Neruda. Solo que el último, en vez de alegrarme, provocó en mí todo lo contrario. Nos estábamos diciendo todo con ello, y si, el que había elegido nos interpretaba perfectamente. Estábamos lejos el uno del otro, a pesar de la cercanía proveniente. Por más que estuviera obsesionada con Shane, él no seria mío. Demasiado perfecto, irreal, para que mi mente pudiera asumirlo. Era algo temporal, como lo que estaba acostumbrada a tener, con chicos comunes y corrientes.
El tan solo pensar que eso pudiera ser verdad, provocó que me sintiera mal.
No quería insistirle a mi mente de que ya lo había perdido, a pesar de que nunca había sido mío. Lo aceptaría con el tiempo. Lo más probable era que desapareciera luego de esta noche. Podíamos tener una atracción mutua, claro que si, mas no estaba completamente segura si correspondía al grado de intensidad con la que iba mi atracción hacia él. Y como toda realidad, no había final feliz. Solo ocurría en los cuentos.
“Si se quiere de verdad, hay que tener el valor necesario para dejarle volar en libertad...”
Comenzaba a querer mucho a Shane. El mundo podía decir lo que quisiera y pensar que era la persona mas tonta sobre la tierra, pero me gustaba mi grado de estupidez ya que me daba un motivo para abrir los ojos todos los días: Creer que me despertaría a su lado. Pero...no! yo no podía pensar así, con tanta razón, no quería hacerlo. No podía dejarlo ir por mas que quisiera, aunque fuera un pensamiento egoísta. Suizas no íbamos a estar juntos de por vida, mas nadie me privaba de disfrutar el momento.
Si no fuera porque quería prestarle atención a sus palabras, tendría cara de niña embobada por el solo hecho de mirarlo. Era mucho mas guapo de lo que recordaba o podía ser porque no traía nada de ropa en la parte superior y hacían que llamara más mi atención. Cada músculo de su cuerpo se marcaba y se tensaba dependiendo de la posición, relajándose en otras. A pesar de eso, parecía siempre tener una postura rígida, como una piedra. Extraño.
Me sentía falta de palabras, hecho que ocurría con muy poca frecuencia. En otro tipo de situación, con otra persona, estaría largando frases hasta por los codos. Aquí no podía. Era como si sus ojos me hechizaran y me obligaran a que me quedara mirándolo, con una sonrisa extendiéndose por mi rostro. Parecía adoración.
En este ultimo tiempo, desde que lo habia conocido, muchas cosas habian cambiado. Me había percatado que nunca había sido tan feliz, como aquel día en la librería. Y cada vez que su nombre o su imagen se venían a mi cabeza, tenia el mero recuerdo de como era aquella sensación. Tampoco me había divertido tanto en años. Un juego peligroso de seducción en que ambos nos habíamos metido y no deseábamos dar brazo a tercer. Por ultimo, jamas me había gustado hasta tal punto un hombre! –si es que lo era, claro- ya que mis teorías sobre el latido de su corazón no las había olvidado.
Después de mi pequeña escena tonta, sobre como conquistar al chico sexy, abrió sus tentadores y prohibidos labios carnosos, para dejar que su voz me embriagara. Era increíble lo que estaba diciendo. Una belleza. No me quejaba, era bonita, pero mi ego no era tan alto como para creerme la mujer más hermosa sobre la tierra. Me limitaba a ser un poco más humilde. –Si vuelves a decírmelo, puede que me acostumbre.- Sonreí.
Cuando su mano, a una velocidad increíble, mientras seguía hablando, se posó en mi rostro me estremecí. No sabía si era porque se había mordido los labios antes de acercarse, o porque empleaba una sutileza nunca antes vista en cada mínimo movimiento, pero estaba segura de que mi cuerpo no estaba reaccionando.
Detuvo la tela cerca de mi boca, con sus ojos fijos en mi rostro y sentí que iba a explotar. Lo necesitaba, ansiaba, y mis labios funcionaban como el principal testigo. Mis iris viajaron de los suyos, a su boca, y volvieron a aquellos faroles rubí. Era como si hubiésemos nacido para compartir este preciso momento, que había creado entre nosotros un vínculo instantáneo…
O eso creí, hasta que se separó. Como si me arrancaran algo del pecho. No quería dejarlo ir; cuando el frío de su cuerpo se apartaba de la calidez del mío, era como si el rompecabezas se quebrara. Me costó volver a la realidad, ya que segundos atrás estaba perdida en un mundo paralelo, donde solo existíamos nosotros, a pesar de estar solos en el bosque. No…no podía perder esa magia y estaba segura que en cualquier momento volvería a retomarla. Si él se sentía atraído por mí también, y le ocurría lo mismo, la anhelaría antes de tiempo.
Luego de mi pregunta, donde todas mis expresiones se pusieron serias de segundo a otro, me respondió. Que qué deseaba? A él. Nada más ni nada menos que a Shane. El joven misterioso que se había robado una parte de mí sin pedir permiso, que yo no quería recuperar.
El principal motivo por el que había pedido su aprobación era para comenzar con preguntas, ya que quería saber porque todo me resultaba tan extraño y familiar a la vez, pero mis sentidos se vieron nublados nuevamente por su presencia. Ya no era un recuerdo, estaba frente a mí. Me había salvado de una hemorragia que casi no recordaba, con un par de cortes improvisados de tela pertenecientes a su anterior remera.
Y la velada se volvía cada vez más interesante, dejando que la hermosa noche cayera sobre nosotros y sobre el silencioso bosque. No había llegado con la intención de encontrarlo, mas ahora no me arrepentía de nada. Solo quería una aventura, adrenalina, sentir algo de miedo por un momento…Tenia que admitir que algo en él provocaba eso en mí, pero había algo mas fuerte que lo cegaba y me permitía obligarme a hacer cualquier cosa con tal de no perderlo. Esta podía ser la última noche en que estuviéramos juntos. ¿Y luego qué? ¿Qué estuviera solo conmigo en mis sueños? No podría soportarlo.
Esta noche solo somos tu y yo –Bésame Shane.- Musité, sin dejar que mi labio inferior temblara por los nervios que comenzaban a realizar su acto de presencia. Él se había sentado sobre la despareja tierra con raíces sobresalientes y yo, de momento a otro, estaba arrodillada frente a él con los ojos clavados en su rostro, sin vacilar. Por la posición en la que nos encontrábamos, parecía más alta. Tenia que mirar para abajo con tal de encontrarme con sus mirada. Y definitivamente…no pude respirar.
¿Qué estaba haciendo? ¿Jugando con el peligro? ¿Quién era él como para seguir entregándole la dulzura de mis labios? Estaba loca…y si, me agradaba mi estado de locura. Más cuando notaba la cercanía y como a pesar de su frialdad corporal, su respiración llegaba a tocarme el cuerpo a distancia. Lo quería, era mi decisión. No la cambiaría. Podía llegar en este mismo instante el fin del mundo y querer separarnos, que estaba segura no podría. Además, tenia que confirmar si él sentía lo mismo que yo. Quedarme con simples conclusiones de una mente cegada no era favorable.
Después de segundos de silencio, analizando aquella simples y al mismo tiempo complicadas palabras, sonreí de oreja a oreja, ampliamente, deslumbrante. Mis ojos brillaron desplegando una fascinante emoción. Acto seguido pegué mi frente con la suya nada más que por plena inconciencia. Como si todo lo anterior había sido un error del cual me estaba riendo, a pesar de que no lo era.
No duré mucho con mi piel rozando la suya que me aparté para volver a mi anterior posición desde donde lo miraba, con un poco mas de altura. Me mordí el labio inferior y no me importó si lo notaba. Corrí con la mano sana mis rizos dorados, que a toda costa querían ir hacia el rostro de Shane, como si anhelaran acariciarlo de la forma en que yo deseaba, pero que no hacía. Pasaron pocos segundos, mínimos, hasta que mis expresiones volvieron a su seriedad, pero mis ojos mostraron otra cosa: Sinceridad. -Se que es algo ilógico, pero desde el día en que te conocí, no dejo de pensar en tí. Me tienes totalmente atrapada, obsesionada diría, y es como si no pudiera alejarte de mi cabeza ni un segundo. No te conozco, no se quien eres o qué eres. Desapareces, vuelves a aparecer, y…aun así, estoy…loca por ti.- Finalicé de hablar, casi de forma atropellada, sin dejar de mirarlo.
Tan cerca, tan lejos. Una realidad bastante increíble e incomoda. Yo no partencía a su mundo, de escritor, siendo la adolescente que llega de la nada a interrumpir todo. Notaba que no podía concluir su trabajo conmigo cerca por los bollos de papel que se encontraban cerca de mí. Es más, tenía unos pocos años más que yo y daba la apariencia de haber vivido milenios. A su lado, era una niña.
Quedé allí, quieta, observándolo casi sin pestañear. Notaba que mis mejillas ardían, pero no permitiría que se tiñeran de rojo. No era tímida, sino, no habría dicho ello. Me controlaba a mi misma. En parte para no parecer tonta y en otra, para no saltarle encima y hacer cualquier cosa. Tenía un auto-control bastante efectivo, en el cual confiaba. Y aparte, quería saber como era el de Shane.
Solo se escuchaba mi respiración. Mi pecho subía y bajaba con ímpetu, meciendo mis cabellos el viento. Todos los recuerdos desde que lo avía conocido, pasando por cada segundo en que la imagen que había grabado en mi pensamiento se hacia presente, hasta momentos atrás, se reproducía en mi cabeza. Lo único que la invadía. No podía escapar de él. Deseaba bailar en su compañía en el infierno si era necesario, si es que esto era puro pecado. No me importaban las consecuencias. Nunca me importaron… _________________
~αяα∂ια мι¢нєℓℓє gℓαѕѕ~
All the lights that light the way are blinding
There are many things that i would like to say to you
But i don't know how...~
I keep dreaming you'll be with me
and you'll never go.~
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Shane Staader

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Publicado: 23 Nov 2009 9:59 am
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No sabía que era con exactitud lo que me sorprendía más de Aradia. Si acaso era ese toque de inocencia que brillaba con todo su esplendor en el fondo de sus ojos claros, o la modestia que a pesar de su juego de seducción se hacía presente, demostrando que aunque yo quisiera verla como una niña, ella era toda una mujer. Una que conocía cuáles eran sus puntos fuertes y los utilizaba a su favor sin pensarlo demasiado.
Sin dudarlo un solo segundo, era una de las mujeres de mayor hermosura con las que había tenido el placer de compartir mi tiempo. Y ella cándida, mas no deliberadamente, declinaba el halago, poniendo en tela de juicio el tamaño desorbitante de su belleza.
Era una sorpresa grata, ya que la mayoría de las mujeres tendían a ahogarse en su propia vanidad cuando sus oídos se percataban de que un comentario había sido específicamente pensado y formulado para describir su beldad.
Un pensamiento fantasioso asalto mi mente descolocándome súbitamente. ¿Y si ella solo era eso?; una fantasía a color. Una forma de externar mis deseos. Una imagen en alta definición de lo que soñaba que fuera la mujer perfecta para mí. La idea no era del todo desquiciada, ya que, tantos años vagando en soledad con la única compañía del viento y la noche, una persona relativamente normal perdería de a poco la cordura y se alejaría del hilo que los mantiene atados a la realidad.
¿Y si eso me sucedía a mi? Si, la sensación de que por fin se encontraba frente a mí la felicidad encarnada, el amor hecho mujer, si todo eso era una simple mentira condescendiente de un subconsciente dañado por la tortura auto-impuesta que significaba deambular como un alma solitaria.
Es decir, yo era un escritor en ciernes, con publicaciones conocidas, alguien capaz de idealizar una forma humana y darle vida, voz y autoridad de un personaje. Podía hacerlo fácilmente, la realidad podía haber cedido hasta hundirse en el mar de la fantasía. Y si fuera así… ¿Qué demonios haría con lo que sentía?
La respuesta también llego, como una ola golpeándome de pronto. Aun si ella fuera solo un sueño, la decisión sería dormir para siempre para poder gozar de su compañía por la eternidad.
Negué con la cabeza para mí mismo. Las divagaciones cuando estaba cerca de ella cada vez eran más extrañas. ¿Tanto me costaba aceptar que estaba perdidamente enamorado de una humana? La realidad de las cosas es que quería negarlo la mayor cantidad de tiempo que me fuera posible y no porque me asustara su fragilidad, si no porque, estaba acostumbrado a las mentes humanas y a su forma fácil de olvidar una vez que la intensidad de la curiosidad queda saciada.
No quería aceptar lo que sentía porque un sentimiento de pánico se incrementaba desde la base de mi estomago hasta mi pecho, diciéndome a gritos que, si la perdía, algo en mi se rompería en un millón de pedazos.
Sabía que no era mía, al menos, eso me decía mi cabeza, pero mi corazón, la reclamaba como propiedad privada. Comúnmente, la voz oculta que ahora resonaba en mi pecho, era ignorada y engullida por sentimientos más oscuros, más volubles y diferentes. La lujuria por la sangre era mi guía y a la única que obedecía ciegamente. Me costaba imaginar que cosa había podido remover en mi interior una joven de apariencia normal, para que yo contemplara las mil y un posibilidades de mantenerla a mi lado. Por poder sentir el calor asfixiante de su piel sobre mi piel, y por ver la sonrisa de sus labios ensancharse por algo dicho por mí.
-No suelo mentirte –en parte estaba siendo honesto, jamás le había mentido, solo… la protegía de la verdad, omitiendo en el proceso un par de los detalles sucios de mi vida, pero una mentira nunca había abandonado mis labios para ser escuchada por ella. Intentaba mantener mis diálogos en la línea de la verdad. Ella lo merecía.
Me congele tras escucharla. ¿Besarla? Yo estaba deseándolo desde el momento en que ella había entrado en mi campo de visión por primera vez en la noche. Pero, el escucharla pedirlo con la dulzura característica de su voz, logro impresionarme.
Es decir, ella lo deseaba tanto como yo. Mientras hablaba parecía moverse automáticamente en mi dirección, primero fijando su vista en la mía y después arrodillándose para quedar un poco por encima de mi rostro.
“Moriría por un beso tuyo...
moriré por un beso tuyo...” –de nuevo, las frases escritas por alguien más llegaban a mi mente, urgiéndome para ser pronunciadas. Pero esta vez, me contuve y espere. Los libros eran mi balance y trataba de encasillarla a ella dentro de uno. Por lo cual, la poesía de otros autores flotaba diciéndome cuan perfectamente describía mis sentimientos.
Ella no lo sabía, pero sus ojos reflejaban en su totalidad la Luna, bañándolos con un místico halo de plata, que fundido con el color natural que habitaba en ellos, los volvía sumamente irresistibles. El tono de su piel parecía un poco mas pálido también; quizá era solo la descompensación por la pérdida de sangre, pero el pensamiento de que era la Luna quien también se encargaba de colorearla blanquecinamente, resultaba mas romántico. Lucia como una de los míos. Tan pálida, tan hermosa, tan irreal y especialmente… tan mía.
El par de estrellas que brillaba tímidamente en la oscuridad del cielo perdió todo su esplendor a su lado. Por unos segundos pensé en cumplir su deseo al instante, después de todo, era ella quien de forma amable lo sugirió. Pero, espere en silencio para que ella actuara con libertad, necesitaba verla desenvolverse en su propio mundo, necesitaba sentir que cuando estaba a mi lado, tenía la autonomía de ser ella misma y no verse eclipsada por mi impetuoso deseo.
De pronto sonrió, como si algo hubiese cambiado. Mi semblante estaba vacío. Previamente había borrado cualquier expresión de mi rostro, ya que la adoración que sentía por ella podía verse a kilómetros si se prestaba suficiente atención, o si la cercanía era inminente.
Un tercer movimiento hizo que mis parpados se cerraran cubriendo mis ojos por unos instantes. Su frente se encontraba sobre la mía, dejándome sentir la calidez de su piel, que en comparación con la mía, parecía arder.
Y así, tan rápido como me dejo sentirla, se alejo rompiendo todo contacto conmigo, a excepción de su mirada que persistía encausada en la mía.
Hablo de nuevo, y predije que sus palabras marcarían el rumbo de lo que sucedía entre nosotros. De alguna manera, simplemente supe que esa noche, se decidiría el rumbo a seguir.
Utilizo la palabra “que” para referirse a mí y automáticamente mi cabeza se inclino a la izquierda, como si buscara repetir cada momento vivido con ella para encontrar en cuales había delatado que en mi cuerpo no existía humanidad alguna.
En la librería, ella tuvo contacto directo con mi cuerpo y probablemente ese fue el primero de los errores destacables. Los humanos tienden a ser como muñecos de felpa, suaves por dentro y por fuera y yo… solo era una roca con voz propia.
Seguramente el ligero impacto había dejado marcas en su cuerpo, pequeño moretones como prueba de que algo en mi no era normal.
“Estúpido” –me dije mentalmente y lo repetí como un mantra. ¿Cómo fui capaz de dejarle saber que no era como ella? Y entonces entendí cual había sido la gota que rebalsó el vaso. Mis ojos, aunque a esas alturas, seguramente contenían más matices negros que rojos, seguían siendo anormales. Un espectáculo de rareza, quizá por ello era que no dejaba de observarme fijamente.
Baje la mirada por un momento, buscando encontrar una respuesta, pensé entonces en hablar retóricamente, en fingir que no entendía el uso remarcado de su palabra. Pero me pareció algo que no tenía sentido alguno.
No podía, y más importante aún, no quería mentirle.
“Estoy loca por ti” –había un discurso antes, lo sabía, sus labios se movieron por más tiempo antes de llegar a esa parte, pero, era la única que lograba comprender completamente. Sonreí aun con la mirada en las raíces de mi árbol.
Suspire audiblemente para centrarme y eleve la mirada con decisión.
Me arrodille a su lado, buscando que esta vez, mi altura superara la suya, cosa que no era demasiado difícil, ya que, mi cuerpo de por sí, era alto.
Elegí mis palabras cuidadosamente, para no asustarla más de lo necesario y simplemente porque no podía revelar mi verdadera naturaleza tan fácilmente. No cuando conocía de la existencia de seres que la destruirían en un santiamén.
-La lógica no lo es todo en la vida –una sonrisa sarcástica se dibujo en mis labios, ya que, yo era un ser que lógicamente, no debía existir. – ¿Sabes? –Pregunte solemnemente antes de colocar mi mano derecha sobre su mejilla –Yo creo que… -deje la frase inconclusa por un momento, para rectificar –No... Estoy completamente seguro. –me disculpe con la mirada y proseguí- Me estoy enamorando de ti –mis fríos dedos dibujaron un corazón en la piel cálida de su mejilla.
-En cambio, yo si se quién eres –murmure, dejando que el tono de mi voz descendiera dramáticamente –eres, la mujer que espere por mucho… mucho tiempo –estaba exponiendo mi corazón y ahora era decisión suya si lo sostenía entre sus manos o lo pisoteaba.
-No he desaparecido, yo siempre estoy ahí, cerca de ti. –confesé acercándome a su oído y acto seguido retrocedí, lo siguiente debía decírselo frente a frente.
-En cuanto, a que soy –me acerque un poco más, dejando a penas un par de centímetros de distancia entre su rostro y el mío –Solo soy alguien que te ama –dije antes de cumplir con la petición previamente hecha.
Mis labios se posaron sobre los suyos como primer acercamiento, mientras; deslice la mano que seguía sobre su mejilla hasta su nuca para conservar cierto equilibrio. Mi alma se encontraba en ese beso, el compás del movimiento que llevaba, marcaba un paso más cerca de acariciar el cielo con los dedos. El calor de su boca era tan sutilmente endulzante como lo recordaba, o incluso aun mejor. La otra mano, que hasta el momento se encontraba reposando tranquilamente sobre mi estomago, se dirigió hacia su pequeña cintura para atraerla más a mí. De pronto los milímetros se sentían como kilómetros y yo solo quería tenerla cerca.
La estaba besando como si el mundo fuese a terminar de un momento a otro y es que, en cierta manera, cabía la posibilidad de que así fuera, pues, el sentirla así de cerca, me había obligado a decidir que esa noche se terminarían las omisiones previas. Esa noche, Aradia sabría quien era Shane Staader y esperaba que el resultado no fuera catastrófico. _________________
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Aradia Glass

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Publicado: 29 Nov 2009 4:24 am
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Por más que quisiera controlar mi mente, para que no repitiera a cada segundo su nombre, la lucha era en vano.
Siempre había creído que mi vida seria una total porquería, ya que antes de mudarme a Forks no hacia mas que fugarme, o estar en fiestas, y cosas por el estilo. ¿Cómo podía ser feliz de esa manera? Y si mi vida no hubiese dado el vuelco que dio, ¿Qué sería de mí ahora? Estaba completamente segura que ni habría conocido lo que es sentir esto; felicidad, sensualidad, amor.
No estaba arrepentida de nada. Muchas personas quieren volver el tiempo atrás para arreglar cosas. En mi caso, si algún genio maligno cambiaba mi vida y me llevaba de nuevo al pasado, pondría una bomba nuclear en el medio del estado y les haría volar las pelucas a todos. Si me quitaban del lado de Shane, moría. Era lo mejor que me había pasado en la vida. Ya tenía la suficiente tortura de que desaparecía y tenia que vivir con el recuerdo de su rostro, sus ojos, sus labios.
Aunque, analizándolo bien todo, y dándome cuenta de que este no era el caso ya que estaba frente a mis ojos en carne y hueso, estaba segura que no iba a dejar que desapareciera de mi vida de nuevo. Demasiado perfecto, misterioso, guapo; Demasiado para mí. Era un regalo divino el tenerlo tan cerca, con aquella sonrisa tan blanca que iluminaba la noche oscura. Cualquier rasgo de él lograba que me olvidara hasta de cómo me llamaba.
Estaba segura de que esto no me había pasado jamás con un chico. Tuve relaciones temporales, pero nada concreto que pudiera dejarme tan estupefacta y tonta como lo hacia Shane. La más larga, que no llego siquiera a durar seis meses, fue con uno de los amigos de mi hermano. Éste, al enterarse, casi lo parte en diez trozos –lo nuestro era un secreto-.
¿Qué iba a ocurrir si mi hermano mayor se enteraba de esto? Tan solo imaginar que buscaría a Shane debajo de cada piedra del pueblo despertaba temor en mí. Ambos tenían una contextura física parecida, mas creía que el joven que se encontraba conmigo actualmente, resaltaba aún más. Sus músculos parecían moldeados por alguien divino, al igual que su rostro tan marcado. Una estatua griega. La proyección de una imagen, de la antigua Grecia, logró que mis labios se curvaran en una sonrisa muy picara.
Seguido, otra escultura se hizo presente en mi pensamiento, recordándome a ambos. Él era tan perfecto como aquella, pero en mi caso, no era así. Casi tan desparejo como un príncipe y una plebeya.
Antes de mi confesión, poco más obligándolo a que me besara -aunque se podía negar y salir corriendo; después de todo, tenia enfrente a una rubia acosadora que buscaba cualquier excusa para estar lo más cerca de él posible- dijo unas palabras muy particulares. Afirmaba que no solía mentirme. No concretaba del todo que era sincero conmigo. Tampoco es que iba a odiarlo si me mentía ya que no nos conocíamos casi nada, pero esperaba que si me había mentido en algo no fuera alarmante; como por ejemplo, decirme que estaba casado, o que tenia algún bebe. Eso me destruiría por completo.
Si su causa era justa, iba a perdonarlo. No era muy rencorosa y menos con las personas que quería. En este caso, de la cual me estaba enamorando. Creía que todos escondíamos secretos, cosas que no le podíamos revelar al mundo. Si se conocía a una persona del todo, podía llegar a resultar aburrida. Hay cosas que se tienen que descubrir con el tiempo, y esperaba emplear toda mi vida con Shane.
Ok, si, ya estaba delirando. ¿Apenas había pasado un tiempo desde que lo conocía y ya hablaba de una vida? Era como toda chica, deseaba un futuro entero al lado de un hombre, pero nada de hijos. No soportaba a los mocosos alborotados que te dejan una habitación dada vuelta en menos de lo que canta un gallo. Sí estar con un hombre, compartir los momentos más felices, pero…cuando a uno de ellos se les dice algo como lo que estaba pensando, salían corriendo. Como fuera, era muy joven aun para meter la cabeza en estas cosas.
Su reacción, cuando le pedí que me besara, era predecible. Si sus facciones ya tenían rasgos marmolados, se intensificaron. Parecía una roca, helado y duro como la misma. Quise darme mil veces la cabeza contra el tronco de algún árbol, mas mi cuerpo se negaba a moverse. La posición en la que estaba, a pesar de ser un poco incomoda ya que tenia que observarlo desde arriba, me obligaba a quedarme estancada al piso. Tragué saliva.
Lo mejor de todo, era seguir manteniendo el semblante tranquilo con aquella sonrisa tan particular en mi rostro. No debía demostrar que por dentro me moría de nervios y que temía que se fuera. No era del tipo de chico que seria capaz de dejarme sola en el bosque, mas la posibilidad estaba y no había que descartarla. Incliné un poco la cabeza, sin dejar de sonreírle a él y nadie más que él: Shane Staader.
Me observaba con curiosidad, como si me analizara; como un pintor admira uno de sus cuadros. Tuve la necesidad de sonrojarme y al cabo, lo hice; esperaba que con la mera oscuridad nocturna no se notara tanto. La luna daba de lleno contra mi rostro, cegando, pero no me impedía adorarlo. Allí fue que inclinó la cabeza hacia mi derecha; lucia tierno. De tan solo pensarlo me daban ganas de abrazarlo como aun osito…
Demonios, me estaba volviendo mas tonta de lo que esperaba.
Un suspiro se escapó de sus labios, mientras se arrodillaba. Ahora era él quien superaba mi altura y me hizo sentir –a parte de pequeña- intimidada. Wow, nunca nadie había logrado eso en mí! Esto era especial.
De nuevo sus labios se abrieron para dar paso a palabras seleccionadas para la situación, lo cual me dejaron más que perpleja. Incluso cuando su gran mano fría se posó en mi mejilla, temblé. Me estaba acostumbrando al contacto entre nosotros pero no dejaba de estremecerme.
Abrí los labios por la sorpresa, mi mente quedó en blanco. Se…estaba enamorando de…mí. ¿Escuché bien? ¿Tenía tapones en los oídos? Esto no podía estar pasando. Las paredes de los sueños cayeron en menos de un segundo, como vidrios, quebrando todo el sentido. Esta era la realidad. Shane sentía lo mismo que yo y aun así, parecía tan irreal. Le sonreí enormemente, perdiéndome en las suaves caricias de sus dedos, que dibujaban un corazón en mi mejilla. Me controlaba para no caer desmayada, o para no tirarme encima de él.
Captaba cada uno de sus movimientos, como si transcurriera en cámara lenta. Sus palabras se grababan en mi cabeza con cuchillos afilados, dispuestas a no ser olvidadas nunca. Intentaba acomodarlas, entenderlas, pero mi cuerpo se dejó llevar cuando su aliento frío golpeó contra mi oído. Cerré los ojos, dejando salir una especie de suspiro enamorado de los mismos. Daría mi último respiro por él, estaba segura.
“Solo soy alguien que te ama”. Había abierto mis ojos de par en par, helada, sin caer en la cuenta de sus palabras. Antes de poder decir algo sus labios se apoderaron de los míos como lo había pedido. No había perdido el equilibrio de mi cuerpo porque Shane me sostenía, o más bien, quería estar segura de que era por ello. Sus manos cambiaron de posición, colocándose una sobre mi nuca y la otra en mi cintura. Las mías, por acto de reflejo y por querer buscar desesperadamente alguna parte de su cuerpo, se aferraron a su nuca, una más arriba entre sus cortos y rubios cabellos. Ni un mero alfiler pasaba entre nosotros; la cercanía era perfecta.
Sus labios sabían a pasión, junto con una miel empalagadora de la cual no te puedes despegar. A pesar de todo, estaban fríos, muy fríos. Su aliento mezclándose con el mío, incomparable. Fue un beso largo y apasionado, henchido en el anhelo que ambos habíamos sentido durante tanto tiempo –o así lo creía yo-. Un beso indestructible. Nunca me había sentido tan dominada por el deseo de él.
Tuve que separarme ya que me sentía falta de aliento. Respiraba con dificultad y me costaba asimilar lo que había ocurrido. A pesar de eso, estaba feliz. Abrí los ojos junto con la sonrisa que comenzaba a aparecer de a poco. No quitaba mis manos de su nuca, acariciando apenas su cuero cabelludo. Junto a él es donde pertenecía. Ningún otro lugar era más perfecto y soñado que este. Podíamos estar en el caribe, en un desierto, o en un bombardeo terrorista; mientras Shane me tuviera entre sus brazos, nada más importaría.
-La lógica puede irse al demonio. No me importa. Si así es la vida sin lógica, elijo vivirla de esta forma.- pestañeé, acercando mi rostro de nuevo al suyo para darle suaves y cortos besos en la comisura de los labios. Seguido, me recosté sobre su pecho, como refugiándome. Mis manos pasaron inconciente a su espalda, aferrándome a él. Que no me soltara, que esto no terminara. –Siempre supe que estabas cerca de mí. Lo sentía. Pero era como si desaparecías de mi rango de visión.- Trazaba círculos, figuras, en su espalda con la yema de mis dedos.
A juzgar por lo que recordaba de su anterior monologo, ya no iba a separarse tanto de mí. –Nunca he amado a nadie. No se lo que es el amor. En realidad, ahora estoy confundida. ¿Es esto que siento por ti?- Pregunté, inocente, con la vista perdida en el bosque oscuro ya que mantenía mi cabeza apoyada en su bien formado pecho. Podía estar allí resguardada todo el día. De cualquier forma, me sentiría completa.
Muy pocas veces le había tenido miedo a algo. Me encantaba sentir adrenalina, buscar retos, meterme en lugares tan peligrosos de los cuales no tenia siquiera la noción de si iba a salir viva. No había necesitado a nadie en todo el transcurso de mi corta vida que me protegiera; tampoco me gustaba esa sensación. Con él era diferente. Quería sentirme así, experimentar…me agradaba.
El dolor de la mano había desaparecido. También el de mis expuestas piernas que casi se pegaban a las suyas. Su compañía borraba todo rastro indeseable para mí.
Reí al recordar algo. Levanté la vista para mirarlo. Sus ojos habían cambiado; ya aquel tono rubí había desaparecido en parte, tornándose más oscuros. Muy extraño. No quería preguntar, quizás era algo que no deseaba confesar conmigo. –Si has estado cerca de mí debes saber que toco el arpa. Me inspiro en ti, en los recuerdos de la librería. Eres como mi Musa.- También me hubiese gustado confesarle sobre el retrato en grafito, pero eso seria mucho y hablar de mí todo el tiempo no me gustaba.
Las proyecciones de la librería volvían a mí, recalcándome el día en que nos conocimos. Si no fuera por mi torpeza al caminar, nada habría ocurrido... Si no fuera por aquel libro que no había leído aun, no habría sabido que era escritor… Si no fuera por nuestro juego de seducción, él no me habría besado y nada nos habría marcado más que eso: No habría comenzado a arder aquel fuego dentro de mí, que cada ría reclamaba a Shane… Si el destino no nos hubiese cruzado, yo no estaría en estos momentos abrazada a su cuerpo.
Nada podría ser mejor. _________________
~αяα∂ια мι¢нєℓℓє gℓαѕѕ~
All the lights that light the way are blinding
There are many things that i would like to say to you
But i don't know how...~
I keep dreaming you'll be with me
and you'll never go.~
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Shane Staader

Registrado: 13 Nov 2009 Mensajes: 41 Promedio por Día: 0.46
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Publicado: 08 Dec 2009 12:30 am
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Mi mente divagaba. Demasiado. Incluso para mi gusto. Pensaba en esas noches en que la espiaba, en que la Luna era mi acompañante indiscreta. Y en que yo soñaba con ser invisible a sus ojos para poder cruzar el umbral de su puerta. Para pasar la noche junto a ella, besando sus parpados, en silencio, y esperando que ella creyera que solo una brisa acariciaba su piel tímidamente, yo soñaba con volverme invisible, para conocer su mundo, para hacer que me quisiera, para saber en que giraban sus pensamientos cuando estaba sola.
Porque la realidad era fácil y sencilla. Me estaba enamorando, perdidamente de ella. De sus gestos, de su voz, de su cabello dorado. Que la extrañaba cuando no estaba a mi lado. La necesitaba ahí, para ser feliz. Necesitaba sus besos, estaba volviéndome un adicto a ellos. Yo que juraba que jamás volvería a dejarme cegar por el amor de una mujer, no me lo esperaba pero estaba sucediendo. Jamás lo había pensado y menos por una humana. Con esa sensación constante de que si mis ojos no veían los suyos el mundo terminaría en un agónico y dramático final.
Era un amor desesperado y desgarrador. Uno que recorría mis entrañas revolucionando todo a su paso. Depositando calor, donde se suponía que todo debía estar frío y muerto. Sin embargo, el pensamiento de que hacia las cosas mal, de que no era correcto que pusiera mis ojos en ella, volvía constantemente.
Porque era una niña y yo… en definitiva no lo era. Y es que mis opciones eran resignarme a perderla, o abrazarme de ella sin importar los siglos de diferencia entre nosotros. Porque jamás me había sentido así, por una niña, que estaba a un paso de ser una mujer, y que esta despertara mis ganas de amar. Debía hacerme a la idea de que ella no era para mí, o aceptar a gritos que yo le pertenecía tanto como anhelaba que ella me perteneciera.
Recordé que al conocerla, ella era solo una voz que se escuchaba en el fondo de mi subconsciente, como una radio descompuesta. Y que buscaba en las voces de todos los humanos, buscando similitudes con la de ella. Porque esa voz, le correspondía a un ángel, mi ángel.
Todo era tan complicado e intrincado.
Y entonces una idea vino a mí, una de esas que solo pasan una vez cada 100 años, pero que su eco resuena en tus oídos por miles de años.
¿Qué pasaría, si nada fuera fortuito? Si Aradia estuviera predestinada a mí, o yo a ella, de cualquier manera, sonaba bien. Es decir, si toda mi transformación y mi muerte retrasada, tuviera un segundo propósito. El de conocerla a ella.
No pude evitar que una sonrisa bordara mis labios, por más que trate, era imposible retenerla. Ese pensamiento lograba erizarme los vellos de la piel y darme una sensación de vértigo. El solo pensarlo, era, desconcertante.
Pero podía ser real. Tenía que serlo.
Ni siquiera Janice pudo haberlo planeado mejor. Era algo sin precedentes, algo… perfecto.
Janice solía decirme que yo solo existía por y para ella y que en el momento en que ella se aburriera de mí, me desecharía como un pañuelo sucio, pero, imaginar que ella nunca tuvo razón, que aunque lo hubiera deseado con todas sus fuerzas, yo no le pertenecía, me hacia feliz. Ella no era mi dueña, nunca lo había sido.
Mi dueña, por llamarla de alguna manera, era la joven de cabellos dorados que poseía el don de una Diosa en los dedos. Que con su arpa mágica llenaba de música los rincones de una casa sin vida. Ella, era ella.
-La vida sin lógica, puede ser muy divertida –recordé un cuento. Alicia en el país de las maravillas, ahí nada tenía lógica y por ende, las cosas sin sentido se apreciaban como fruto de cada día. Pero en el mundo real, en el nuestro, yo no tenía sentido y esperaba que ella lo viera como una cualidad especial.
Sus dedos acariciaban mi espalda, trazando cosas que no podía deducir a ciencia cierta. Y su voz me regalaba el sonido más embelesante jamás escuchado.
-¿Me… sentías? –pregunte conmocionado. ¿Cómo era posible? Nadie que no tuviera un don especial podía sentir a uno de los míos. Y hasta donde sabía, Aradia era normal, tan normal como una adolescente enamorada de un vampiro, podría serlo.
-No podía dejar que me vieras, me arriesgaba a que llamaras a la policía –bromee ligeramente. Aunque en el fondo, la verdad asomaba en mis palabras. Ella realmente pudo pensar que yo quería hacerle daño y tener problemas con la justicia, no era nada divertido, especialmente, porque tenían la costumbre de revisar los papeles de las personas y eso terminaba en que al final encontraran que mi identidad era falsa.
Una vez, hacia unos 30 años, un policía local de Italia, me investigo por mucho tiempo. Seguía mis pasos, intentaba intervenir mis llamadas, se aseguraba de dejarse ver para ponerme sobre aviso, y me molestaba con su sombra pendiente de cada movimiento mío. Hasta que una tarde, me llamo a su oficina y me advirtió que alguien me buscaba y ese alguien estaba dispuesto a pagar mucho dinero por cualquier informe que pudieran darle acerca de mi paradero. Yo le ofrecí más dinero del que pudo imaginar alguna vez, pero él siguió haciendo preguntas hasta que llegue a un callejón sin salida y me vi obligado a confesar la verdad.
La reacción de las personas cuando saben lo que eres, siempre es la misma. Sus ojos se agrandan con pánico y puedes ver el reflejo de sus vidas corriendo en cámara lenta en sus pupilas; como si de una película vieja se tratara. Cabe mencionar, que ese policía o investigador, jamás llego a decir nada sobre mí. No le di tiempo. Antes de que su mano se cerrara siquiera en la empuñadura de la pistola que descansaba sobre su escritorio; su garganta ya estaba abierta por la mitad, y su sangre se drenaba rápidamente dejando un rio escarlata en el piso de su oficina.
No fue un trabajo limpio, pero me encargue de que nadie sospechara nada sobre mí. Incendié el lugar desde sus cimientos y conserve un bajo perfil hasta que la revolución acerca de él, quedara en el olvido por completo.
Nunca supe quien era esa persona que tan duramente se empeñaba en encontrarme, pero hasta el momento, no volvió a dar señales de vida. Así que supuse que la obsesión por mí, había sido momentánea y se le había pasado en cuanto otra cosa más interesante se cruzo por su camino.
Aunque la duda, acerca de que tanto sabia de mí, me persiguió por un tiempo. Si esa persona sabía mi nombre o los nombres que solía utilizar, era porque me conocía de algún lado, porque tenía cierto conocimiento sobre mí.
Me pregunte como sería decirle a Aradia, lo que yo era. Si es que ella reaccionara de la misma manera que el policía y si es que correría la misma suerte.
No podía asesinarla. No quería hacerlo. Pero, esa noche era perfecta para decir verdades; estábamos solos, en mitad del bosque, y la anchura de este, permitía que los gritos se amortiguaran.
Era un pensamiento pesimista, pero debía tenerlo en cuenta; solo por si acaso.
Acaricie su cabello cuando el comentario del amor, salió de sus labios. Su corazón era tan puro que ni siquiera había sido entregado por primera vez. Un sentimiento de dicha me inundo, yo era el primero por el que había sentido algo lo suficientemente fuerte como para ser considerado amor.
No otro. Yo.
-No sé cómo definir el amor –dije tras un momento, con la mirada perdida en la inmensa oscuridad que reinaba a través del bosque. Era difícil englobar un sentimiento tan grande y poderoso en una simple palabra. –Pero, es algo que te llena –suspire profundamente dejando que en la inspiración, su perfume me embriagara por completo. –Es como si el sol brillara sobre tu piel calentándola suavemente y dejándote una sensación tibia en el fondo del estomago –Toque el suyo para hacer más énfasis, un roce rápido.
-Y las mariposas, oh, eso no es un mito –podía sentir miles de cosquillas en mi interior, como en los cuentos rosas decían; mariposas en el estomago de un enamorado. Mariposas que Aradia provocaba. –Tu corazón late a mil por hora cuando esa persona está cerca –el mío no latía, pero podía sentir que se moría de ganas por hacerlo. –Y tu aliento, se estanca en tu garganta cuando sientes la caricia de un beso suyo –bese un par de veces sus sienes.
Ella volvió a mirarme y yo sonreí. Sin razón. Porque si.
-Lo sé –murmure muy despacio. Sabía lo del arpa, pero lo otro era nuevo para mí. Jamás imagine que en su inspiración pudiera vivir yo. De nuevo, algo de ella me atrapaba. Ella era como una cajita de sorpresas dentro de otra cajita de sorpresas. Nunca terminaría de conocerla por completo. Y eso, en parte me gustaba.
-Espera –la aparte un poco y extendí la mano derecha hasta que el papel que había escrito fue tocado por mis dedos y lo arrastre de regreso hacia mí. Desarrugue el papel y lo mire un par de veces antes de hablar –Escucha esto –le pedí. Module mi voz para que esta fuese profunda y mítica, como si le contara una historia a una niña pequeña.
-“Ella lo es todo en el universo, es un ángel sin alas, alguien que necesita ser protegida a toda costa para que no puedan dañarla.” –leí en voz alta y espere que no sonara tan cursi como yo lo creía.
-Hablo de ti –me encogí de hombros y me mordí los labios. Estaba nervioso y necesitaba saber su opinión. _________________
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